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Rally en el Orinoco -
2000Km de aventura escrita por el editor de la revista RIB
International, Paul Lemmer |
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Paul
Lemmer cuenta su épico viaje a través del peligroso río Orinoco,
ubicado en Suramérica y en compañía de otras120 asombrosas
embarcaciones. Las embarcaciones semi- rígidas fueron las héroes de
la carrera en los tramos más difíciles en los ríos.
Como
de costumbre, Hugo Montgomery, dueño y editor de esta prodigiosa
revista, me llamó para preguntarme si estaba disponible, de
inmediato, para tomar un pequeño viaje. La conversación fue algo asi. |

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"Bueno" y pregunte,
"¿cuando y a dónde?"
"En un par de semanas
y para participar en un rally al cual asistirán mas de 100
embarcaciones. Tu acompañaras a la gente de AB en una embarcación de
8.5m, equipada con dos motores Yamaha de 200hp e incluye todos los
gastos."
Pensé que era
fabuloso, "donde va a ser este acontecimiento, Italia, Francia,
España?"
"Realmente no es en
Europa, para serte mas claro, va a ser en Suramérica, exactamente en
Venezuela, por el río Orinoco a través de las selvas tropicales del
Amazona, y regresaras después de haber recorrido una distancia total
de alrededor 1100 millas."
"Eso es todo?",
contesté rápidamente.
"Bueno, realmente no,
cuando culmine el rally, tu embarcación y equipo, en compañía de
otra embarcación AB de 7.5 metros, continuarán por el expansivo
Delta del Orinoco, saliendo al mar y navegarán frente a Trinidad y
otras numerosas islas mientras costean para llegar a la Guaira;
aproximadamente 1200 millas adicionales!”
Este viaje era
bastante serio y requería de una cierta y seria consideración antes
de llegar a una decisión; así que después de tan solo deliberar por
menos de cinco segundos, contesté. "sí, cuenta conmigo!" |
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Como de costumbre,
tomar la decisión fué la parte fácil, después tuve que verificar mi
agenda y convencer a mi esposa. Siempre sucede lo mismo con ella,
entro a mi casa diciendo “no puedo creer mi suerte, nunca adivinaras
lo que me ofrecieron hoy” y la respuesta común de ella es “no me
digas que es otra oportunidad la cual solo viene una vez en la
vida?”
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Apartando las formalidades y con pocas horas para prepararme, tome
el curso de inocularme contra todo e visitar una tienda para comprar
ropa y equipo para la selva. ¡Todos los bolsos impermeables que
tenía eran demasiado pequeños, así que tuve que obtener uno más
grande para meter mi tienda de campaña, bolso de dormir, mosquitero,
hamaca, trajes impermeables, zapatos, botas, ropa normal y para la
selva, equipo de primeros auxilios, cuchillo, linterna, closet de
medicinas, cremas anti-todo, aerosoles, vendajes, yesos y el más
importante de todos, crema para evitar la mordida de cocodrilos y
pirañas! ¡Hugo también quería que tomara muchas fotos, así que mi
cámara de fotografía junto a treinta y seis rollos de película
encontraron su manera en el bolso!
Al
momento de tener todo empacado, me doy cuenta de que apenas podía
levantar ese desgraciado bolso, el cual luego descubro que era tan
impermeable como un colador el primer día. Lección aprendida, lleva
pocas cosas en un, o todavía mejor, dos bolsos impermeables que se
puedan cargar, llevar y guardar a bordo con facilidad.
El
vuelo directo desde Londres hasta Caracas, capital de Venezuela,
tomó nueve horas; presentaron las dos usuales películas, tres
comidas, hubo mucha incomodidad y poco sueño antes de desembarcar a
los 30 grados y húmedos de Caracas. Fui recibido en el aeropuerto
por Alvaro Betancourt, gerente de mercadeo de AB, quien seria el
capitán de la otra embarcación del equipo de AB en el rally y
expedición por el Delta. Nuestro primer destino fue la fábrica del
AB para examinar las embarcaciones y para conocer al propietario de
AB Inflatables, Ivor Heyer, quien seria nuestro capitán y anfitrión
por las próximas dos semanas.
Navegue en la embarcación de Ivor todo el recorrido y me sentí
afortunado de estar en la compañía de un hombre tan cordial,
agradable y capaz. Los otros dos compañeros, igualmente agradables,
eran Andy Leemann, de origen suizo y propietario Yacht Center Palma
en Mallorca, una persona con abundante experiencia en todos los
tipos de embarcaciones y del español Ricardo Masabeu, periodista muy
respetado en el ambiente náutico, quien cubría el rally para la
revista Española de embarcaciones inflables “Neumáticas”.
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Nuestro equipo
cuidadosamente inspeccionó la embarcación de AB de 8.50mt, la cual
iba a ser nuestro hogar por los próximos quince días. No nos
decepcionó; era una embarcación de un acabado hermoso, su casco
contaba con una V profunda de 24 grados que llevaba instalados dos
motores Yamaha de 200 caballos de fuerza. Esta embarcación fué
preparada para la pesca y portaba un toldo fijo el cual nos
proporcionó una cortina de sombra, la cual muchas veces necesitamos.
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La
embarcación del segundo equipo era un AB de 7.5mt, piloteado por
Alvaro junto a su suegro, el doctor Eduardo Souchon, eminente
cirujano venezolano (que nos agrado tenerlo a bordo) y Miguel Angel
Hita, otro amistoso español que trabaja con Andy en Mallorca.
Un
equipo profesional de soporte remolcó via carretera y durante un par
de días las embarcaciones hasta el punto de partida en San Fernando
de Apure; mientras que el personal de ambos equipos nos dimos el
lujo de ser transportados en el nuevo Cessna 402, bi motor de ocho
puestos de Ivor. Volamos a una altitud tan relativamente baja, que
pudimos apreciar el impresionante paisaje de Venezuela. Cuando
volamos sobre tierra firme, pudimos ver el Río Apure debajo de
nosotros, el cual dirigía su cause hacia el Río Orinoco y hacia la
Amazonia, lugar donde pasaríamos la semana entrante.
Mi
experiencia en hotel local no fué buena del todo y mi primer
encuentro con su 'aire acondicionado' fue absoluta y simplemente del
más allá. El hotel, por no encontrar una palabra mejor, era como un
cuartel del ejército, de cuartos muy básicos con dos camas
raquíticas, increíblemente incómodas y una ducha sin la regadera que
arrojó agua marrón y fría. Debajo de nuestra ventana había una cosa
oxidada que se asemejaba a una tostadora gigante, del cual luego fui
informado que era un aire acondicionado. Luego de la pared salían
cables eléctricos vivos y sin protección, que podían fácilmente
hacerte daño de no prestar atención el la oscuridad. Al caer la
noche, la humedad incrementó a un punto insoportable y en el momento
que salimos de la habitación para buscar algo para cenar, nos
encontramos con el recepcionista del hotel, quien estaba preparado
con un destornillador y un martillo, para pelear con nuestro aire
acondicionado. Camino hacia nuestra habitación más tarde esa noche,
pudimos escuchar un increíble ruido que salía de nuestra habitación
y cuando abrimos la puerta, nos dimos cuenta que todo se debía a la
‘tan profesional reparación’ del aire acondicionado. El ruido era
insoportable. ¿Cómo podía uno dormir allí? Es verdad, el aire
funcionaba; ¡el cuarto estaba tan frió que lo sentía como a 40° bajo
cero, y al igual que en las heladas, estaba esperando que se formara
escarcha en el interior de la ventana! Obviamente, mientras buscaba
el termostato, pensé que esto debía ser una broma venezolana, pero
me equivoque. Que alternativas – O me cocino con el vapor de una
olla de presión o me congelo con el placer de tener el ruido de un
avión despegando a un metro de mi; ¡entonces, no pude dormir allí!
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En la mañana, nos
acercamos al río e inexplicablemente me seleccionaron para hacer las
compras en un pequeño pueblo de habla española. ¡Yo! ¡La persona que
no habla nada de español y que odia comprar, 'usted debe bromear'.
Afortunadamente, ayuda me fue proporcionada por el cordial Dr.
Eduardo, que con su maravillosa manera de tratar y hablarle a la
gente, logro conseguir buenos precios.
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Luego volvimos a los barcos, los cuales almacenaban una enorme
cantidad de alcohol, de bebidas suaves, más una cantidad
relativamente pequeña de alimento. ¡Esto prometió ser un viaje
interesante!
Había 128 competidores inscritos para la carrera y un arsenal
asombroso de embarcaciones, desde catamaranes con tres motores fuera
de borda marca Mercury 300hp y uno con dos motores dentro de borda
de 900hp, como botes familiares con papá, mamá, hijos y en algunos
casos los abuelos. También vi a un competidor, valiente o mejor
dicho loco, que se presento con un catamarán formula circuito uno,
el cual transformo la cubierta para sentar a su co-piloto sobre el
tanque del combustible!
¿Inspecciones? ¡Claro que sí, habían inspectores, pero por cosas del
destino, todos los barcos que entraron aprobaron sin problemas! Raro
eso, pero para ser justo, el estándar de las embarcaciones era en
general alto y mucho crédito hay que darle a los dueños por
preocuparse en hacer sus embarcaciones confiables y seguras. También
tengo que admitir el profesionalismo con el que se desarrollo el
evento, lo cual me sorprendió y por eso hay que darle crédito a los
organizadores por su gran esfuerzo.
128
barcos se movían de un lado a otro en espera del comienzo de la
carrera y esto creaba un ambiente eléctrico. A medida que pasaban
los segundos, nosotros nos colocamos en la primera fila junto a
otras embarcaciones; pues la bandera que indicaba el comienzo cayó y
éramos uno de los primeros en cruzar la línea. Probablemente debido
a que nuestras propalas eran más pequeñas y la forma convencional
del los cascos, nuestra aceleración era fabulosa y nos encontrábamos
al frente durante los primeros cuarenta y cinco segundos; las
embarcaciones de ‘carrera’ gradualmente aparecieron detrás de
nosotros hasta que fuimos sobrepasados por ambos lados por estas
veloces y ruidosas maquinas a 100mph o mas, las cuales solo dejaron
detrás de ellas, un rió confuso y entrecortado. A pesar de mis
muchos años de experiencia en carreras en mar abierto (offshoring) y
de circuito, nunca había experimentado carreras en ríos y fui
sorprendido en cómo algunos competidores estaban preparados para
navegar a altas velocidades por curvas estrechas y ocultas en el
imprevisible río. No estoy seguro de que Ivor conociera mi
experiencia en carreras de embarcaciones, pero decidió confiarme el
mando para este primer tramo del rió el cual tenia muchas curvas, lo
cual fue una experiencia que disfrute enormemente. Tampoco estoy
seguro de que las otras personas de nuestro equipo estuviesen
entusiasmados con mi conducir, especialmente cuando un par de
embarcaciones de carrera de 6m nos pasaron a alta velocidad, para
luego encontrarse ambas fuera del agua como a 15 m de la orilla del
rió, con unas tripulaciones que se apreciaban algo confundidas.
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El
acontecimiento era un rally, no una carrera, el cual contaba con
tiempos de salida y de llegada que eran cuidadosamente supervisados
por los organizadores, pero también había un par de estrechos
rápidos para darle más emoción. Incluso así pues, existía rivalidad
entre algunos equipos que solo estaban pendientes de alcanzar los
mejores tiempos desde el comienzo hasta el final, quienes fueron en
búsqueda de otros como ellos para realizar sus propias carreras.
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Paramos en nuestro primer punto de control oficial, un pequeño
pueblo ubicado en los bancos de la Río Arauca, justo antes de que el
cielo mandara un torrencial de agua sobre los competidores y
espectadores, pero este no logró humedecer los espíritus de la gente
local, quienes se veían alegres, o algo desconcertado, por la
repentina llegada de un manojo de competidores ' locos ' en sus
ruidosas e humeantes carrozas de agua pintadas en colores brillante.
La lluvia paró tan rápido y repentinamente como había comenzado, así
que esa tarde continuamos a lo largo de un laberinto de pequeños
ríos que finalmente nos llevaron hasta la pequeña aldea de Arauquita
las cual esta ubicada en los bancos del río Arauca. Pasé las
primeras horas de la noche arreglando mi lugar para dormir, ya que
el resto del equipo decidió dormir en tiendas de campaña a orilla
del río. Yo decidí dormir en nuestra embarcación y estuve luchando
con mi colchón, hamaca y el mosquitero mientras intentaba hacer un
boudoir
cómodo entre los
asientos de proa. Tomó algún tiempo, pero al final me quedó muy
acogedor y a medida que la oscuridad caía, la música comenzó y hay
que ver que a los venezolanos les gusta su música. Ellos son
ruidosos o muy ruidosos, beben y bailan mucho y para nuestra
sorpresa, el Dr. Eduardo, acercando a sesenta años de edad, pasó un
par de horas enérgicas bailando con las muchachas locales de la
aldea hasta el cansancio. Con la oscuridad, me vino la paranoia
hacia los mosquitos suramericanos y mis peores miedos fueron
observados cuando estos se me presentaron en millares. De acuerdo a
lo sugerido por mis compañeros de equipo, había tomado la precaución
de cubrirme el cuerpo entero con un ‘repelente de mosquitos
especialmente formulado para la selva’ que obtuve en ‘Blighty’, pero
en vez de repeler a los pequeños diablos, parecía que los excitara,
ignorando a todo el mundo excepto a mi. Después de quince minutos
infructuosos de carrera, no me quedo otra alternativa que correr
hacia el bote y zambullirme en 'dormitorio improvisado' donde me
sentí seguro e infantilmente imité a los pequeños y ruidosos
mosquitos por esfuerzos perdidos. El cansancio y los inevitables
efectos de varios vasos de 'provisiones’, me fueron apagando
mientras disfrutaba la claridad de las estrellas en la oscuridad de
la noche.
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La mañana siguiente,
nos preparamos para un recorrido de velocidad a lo largo del resto
del río Arauca hasta el Orinoco. Mientras cada categoría salía en su
determinado tiempo, nosotros hicimos de nuevo un buen comienzo, ya
que rápidamente viajábamos a una velocidad por encima de los 50
nudos cuando alcanzamos la extensión mas amplia del Orinoco,
dirigiéndonos contra la corriente hasta el punto de control
siguiente que resultó ser unas dunas de arena en Piedra Parguasa.
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Una vez firmada nuestra
llegada, cruzamos el rió y efectuamos la primera de muchas paradas
para reabastecer de combustible, lo cual resultó ser un chiste. Nos
acercamos a un gran muelle de concreto, donde se encontraban un
grupo de embarcaciones gigantes que estaban siendo cargadas de algo
que parecía tierra roja por medio de una banda transportadora. Estas
gigantes embarcaciones eran luego remolcadas por remolcadores y
continuaban río abajo hasta llegar y descargar cerca del delta. Todo
estaba rojo, el muelle, la carretera, la flora circundante y el agua
del mismo río; sea lo que sea, esta sustancia similar a la arcilla,
ciertamente tenía un efecto profundo en el ambiente circundante. A
medida que las embarcaciones del rally fueron llegando y
acomodándose en el muelle, vi los arreglos que se utilizaban para
aprovisionar de combustible, los cuales eran básicos pero eficaces y
de los cuales debíamos depender para el resto del rally. Un camión
cisterna de combustible fue estacionado en la parte alta de una
rampa y de este salía una manguera de combustible de gran diámetro
que llegaba hasta las sedientas embarcaciones. Al final de esta
manguera había un tubo de aluminio del cual salían doce líneas de
combustible y las cuales tenían un surtidor de gasolina estándar
como el de las estaciones de gasolina. Era una técnica muy
‘prehistorica’ y a nadie le importó, en lo más leve, tomar medidas
de seguridad tales como tener un extintor a la mano o asegurarse de
evitar derramamientos. Un equipo del rally insertó el surtidor de
gasolina en posición abierta y abandonó su embarcación para tomarse
una bebida en la orilla del río. A los pocos minutos, la gasolina se
salía con excesiva presión fuera del respiradero y del hueco de
llenado hacia el río, donde fluyó alrededor de las otras
embarcaciones, rodeándolos con un cóctel potencialmente mortal. Los
diferentes equipos ignoraban el peligro y a pesar del alto olor a
gasolina, estaban fumando mientras conversaban y brincaban de una
embarcación a la otra. Nosotros les gritamos y gesticulamos para
alertarlos del peligro y finalmente, después de lo que pareció un
año, ellos examinamos la situación y siguieron la bien-ensayada y
obvia medida de seguridad de lanzar sus cigarrillos a un lado! Nunca
sabremos como no hubo una bola de llamas en el sitio, pero nadie,
excepto las personas de nuestro equipo, se mostró perturbado por el
incidente. ¡Así que tomamos la precaución de aprovisionar de
combustible en contra de la corriente y separados de las otras
embarcaciones!
Luego de habernos
aprovisionado de combustible, agua potable y hielo, nos dirigimos
hacia un grupo de rocas planas en la boca de Río Parguasa, en donde
nos atamos a un árbol sobresaliente y preparamos nuestro almuerzo
que consistió de salchichas cocinadas en una estufa de gas, cebollas
y papitas fritas. Al poco tiempo llegó la otra embarcación del
equipo y un personaje junto a su familia que estaban en una
embarcación de río de 6m. Estas embarcaciones de rió son
extremadamente pesadas, resistentes y son muy populares para navegar
los ríos de Venezuela, ya que podrán resistir el impacto de una roca
o árbol que estén sumergidos, siendo esto siempre una posibilidad en
estas aguas impredecibles. El dueño de esta embarcación era un
caballero de gran tamaño llamado Karl Wallner, el cual ha navegado
durante cuarenta años el Orinoco, sus ríos adjuntos y delta e iba a
ser nuestra guía en un extraordinario viaje de 75 millas a un lugar
remoto llamado Parguasa. Habiendo completado las actividades del
rally por el día, éramos libres de hacer cualquier actividad hasta
las 08.00 horas del día siguiente, así que Ivor decidió llevarnos a
esta excursión no programada para que pudiéramos ver una remota
tribu de indígenas que vivían en la cabecera de este misterioso río.
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El viaje por el río
Parguasa fue inolvidable, pues pasamos por varias aldeas que estaban
escondidas entre los árboles al borde del río, donde los indígenas,
tanto niños como adultos, excitadamente nos saludaban mientras
pasábamos frente a ellos a 20 nudos. Horas más tarde, nuestro convoy
de tres embarcaciones llegó a un lugar a un lado del río, donde
había una pequeña cascada formada por rocas lisas. |
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Nos
paramos tan cerca como pudimos a la cascada y atamos las
embarcaciones a unas ramas sobresalientes. Sin esperar un segundo,
Alvaro estaba en el agua al lado de una de las embarcaciones nadando
hacia la cascada y para no quedarme atrás, inmediatamente lo seguí.
El agua estaba fresca y rápidamente llegamos al borde de la cascada
para tratar de caminar hacia arriba mientras el caudal de agua nos
pasaba por los pies. Las rocas que eran totalmente lisas estaban
cubiertas en una hierba marrón increíblemente resbaladiza, que nos
hizo imposible pararnos, pero permaneciendo en una posición
agachada, usando nuestras manos y pies, pudimos alcanzar el tope de
la cascada cientos de metros o más dentro del bosque. Una vez en el
tope, nos sentamos y fuimos barridos inmediatamente a gran
velocidad, debido a la fuerza de la corriente, hacia el río que nos
esperaba abajo y donde aterricé sin incidente; desafortunadamente,
Alvaro se fue muy a la izquierda y se dirigió directamente hacia una
roca grande y redonda al final de la cascada, donde el agua que
fluía desaparecía rápidamente debajo de ella. Por suerte, su rápida
y excelente reacción evitó, afortunadamente, un posible desastre ya
al llegar a la roca, levantó sus piernas y paró contra ella, así
evitando irse por debajo mientras que el agua, con tremenda fuerza,
lo golpeaba en la espalda antes de pasarle por encima de su cabeza.
Ivor, que estaba cerca de la roca, consiguió extenderle una mano a
Alvaro y lo tiró hacia un lado seguro. Lo que aparentaba ser un
pequeño momento de diversión pudo haber en un lamentable accidente,
así de allí en adelante, mediamos nuestras acciones mucha cautela
antes de actuar.
Siguiendo nuestro
recorrido, llegamos a un lugar donde unas rocas grandes y planas que
sobresalían del agua, nos forzaron a navegar con mucha cautela cerca
de la orilla para evitar cualquier obstáculo subacuático que
estuviera ocultado, ya que estas ocupaban más de dos tercero de la
anchura del río. Una vez que pasadas estas rocas, tomamos una curva
en el río hasta que nos encontramos a una pequeña canoa con tres
niños indígenas y mientras más nos les acercábamos, el río se abrió
y se convirtió en una amplia extensión de agua con una isla pequeña
situada en el centro. Mas adelante, pudimos ver una pared de rocas
planas y grandes que bloqueaban nuestra vía, sobre la cual el río
caía en forma de agua blanca.
Llegamos a nuestro previsto destino para pasar la noche, una pequeña
aldea de indios llamada Maracas ubicada en la coordenadas 05° 56'
80N 66° 55' 20W y mientras preparábamos el campamento en una isla,
un grupo de indios tomaron sus canoas y remaron desde sus aldeas
hacia donde estábamos nosotros para saludarnos. Nunca había estado
en un lugar tan alejado, remoto y con gente tan aislada como esta.
Esta ocasión me hizo extraño. Los indios fueron inquisitivos y
amistosos pero estaban totalmente deslumbrados por los tubulares de
las embarcaciones, los cuales no pudieron resistir de tocar y aunque
así lo hicieron, parecían aprensivos de lo que eran y se
preguntaban para que fueran. Intercambiamos un poco de azúcar con
uno de los indios de mayor edad por un arco con un par de flechas
antes arreglar el campamento y antes de preparar un buen fuego para
cocinar la cena. A medida que oscureció, los indios se regresaron de
nuevo a su aldea y luego me unte, de nuevo, repelente contra
insectos, sólo que esta vez el de uno de los integrantes del equipo
a quien nunca habían picado esos pequeños demonios. Pronto
remetíamos con una variedad de platos, -incluso con un tipo de
pescado color salmón que estaba increíblemente sabroso, el cual Karl
recientemente pescó o adquirió de un indio. El ron con Coca-Cola y
hielo fueron los tragos de la noche y mientras me tomé varios de
estos, fue que escuché la increíble historia de la vida de Karl
Wallner.
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La
noche estaba absolutamente negra, no se veía ni una tenue luz de la
luna y nos encontrábamos sentados alrededor de la fogata apreciando
el sonido del río que caía sobre la pared de rocas unos cien metros
más allá. Repentinamente y en un tono de ingles británico muy
cultivado, alguien me preguntó si quería mas pescado. Debido a que
la única luz que teníamos era la de la fogata, no supe de quien era
la voz hasta que me moví más cerca para luego darme cuenta que era
la de nuestro guía Karl.
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Las llamas que
oscilaban del fuego iluminaron su cuerpo, de gran contextura, a
medida que se sentaba en una silla plegable y sostenía un plato de
pescado recién sacado de la parrilla. Él me ofreció una silla y
comenzamos a hablar. Yo le pregunte de que parte de Gran Bretaña era
él, ya que su acento me hacia pensar que había sido educado en una
buena escuela publica. A mi asombro, él me dijo que era alemán y que
ha vivido en Venezuela por cuarenta años -, yo estaba fascinado en
cuanto a cómo nuestro guía para el río Orinoco hablaba la lengua
inglesa y así fue que lenta y claramente la historia de Karl se
comenzó a revelar.
Karl nació en Alemania
en 1930, creció con sus padres y fue un niño brillante, apto y
absolutamente alto para su edad. A la edad de diez años y entrando
la guerra mundial a su segundo año, el movimiento de juventud de
Hitler seleccionó a Karl para que fuese educado y entrenado para
participar en un ' grupo especial de la élite ' que, en sus últimas
adolescencias, sería utilizado para infiltrar a los enemigos del
Tercer Reich. Entrenaron a este grupo con eficacia para espiar en
varios países, mientras vivían en un área local y retroalimentando
la información a la madre patria. En una ‘escuela’ secreta y muy
bien financiada, fueron sus colegas enseñados dos disciplinas
distintas; a partir de las ocho de la mañana y hasta la una de la
tarde, los sometieron a un curso intensivo de idiomas, matemáticas,
política, geografía y propaganda. Sus profesores particulares de
idiomas eran los mejores de Alemania y el énfasis particular fue
dado al ' inglés apropiado que aprendía ' de modo que cuando llegara
el tiempo de que Karl lo utilizara ' su acento fuera imperceptible'.
Obviamente encontré esta parte del cuento muy aterrorizante, pues su
acento ‘obviamente había engañado’. Con solo treinta minutos para
almorzar, luego mandaban al grupo a trabajar de nuevo hasta las
siete de la noche, solo que ahora eran enseñados algo mucho más
secreto; ¡fueron enseñados sobre armas, combate y virtualmente sobre
cada manera existente que había para matar a un hombre! Cada
habilidad conocida por los instructores fue pasada a estos
muchachos, de modo que para el final de su 'educación', fueran
literalmente unas maquinas altamente entrenadas para matar. La
campaña de propaganda no era nada menos que el 'lavarles el cerebro'
y unas de las mentiras más indignantes fue que fueron enseñados a
que todos los negros eran caníbales. ¡Les dijeron que los americanos
tenían una gran cantidad de negros en sus fuerzas y que si un negro
los agarraba, lo más probable que serían devorados! En 1945 y con
los aliados que forzaban su entrada en Alemania, a Karl le dieron un
uniforme y le dijeron que defendiera a su país hasta la muerte, dada
la ausencia de que no había tiempo para él ni para sus colegas de
tropa, de ser desplegados a otro país para continuar con la causa
nazi. Muy rápidamente, su parte en el conflicto se terminó, ya que
una división americana los rodeó y se rindieron. Como prisionero de
guerra, él se sentó desconcertado con sus camaradas, esperando a ser
llamado para dar declaraciones a un soldado del ejército americano,
al cual Karl describió, como el primer negro que había visto de
cerca y el hombre más grande que había visto en su vida. Pardo
frente al soldado, el gigante americano se sonríe y revela una boca
llena de dientes blancos perla; Ahora fue cuando Karl se convenció
de que él estaba a punto de ser comido y cuando el soldado alcanza
dentro de su bolsillo, Karl estaba seguro de que él buscaba su
cuchillo para cortar su comida en pedazos más manejables. De su
bolsillo, el soldado saca una barra de chocolate y se la da a Karl
diciendo ' toma hijo, pareciera que tu necesitaras este y no te
preocupes, la guerra terminó y pronto te iras a casa’.
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Claramente, la propaganda había convencido a Karl e inmediatamente,
después de la guerra, decidió ver cual era la situación 'verdadera'
con los países que habían sido 'el enemigo'. Se compró una bicicleta
y recorrió por dos años, primero a Noruega y Escandinavia,
incluyendo el círculo polar y entonces bajó a España, en donde
conoció a un lord inglés ' sir alguien u otro ', con un Rolls Royce,
quien le invitó a que visitara su casa en Gran Bretaña en caso que
fuera de visita o necesitara trabajo.
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Durante su viaje en
bicicleta por Europa, Karl se propuso a hacer amistad con tanta
gente pudo, de manera de completamente suprimir los cinco años de
mentiras que los nazis le habían alimentado. Unos meses después,
Karl llegó a Gran Bretaña y visitó al caballero inglés a su casa
cerca de Scunthorpe y cumpliendo con su palabra, le ofreció trabajo
en la granja. Karl alquiló un cuarto en un pueblo cercano y fue
bienvenido por la gente local; a él le gustaba particularmente un
bar local y de pronto se convirtió en el mejor jugador de dardos de
la localidad. A Karl le agradaba mucho Gran Bretaña, pero sentida
que ya era la hora de regresar a casa para ver lo qué había pasado
con su país después de sus nueve meses de ausencia, así que regresó
a una Alemania destrozada.
Para Karl, Alemania no
tenía ningún significado ahora, así que se enamoró y casó con una
mujer de igual pensar y juntos decidieron comenzar una nueva vida en
los Estados Unidos. Con muy poco dinero, lograron encontrar un
viejo vapor de carga que los llevaría a través del Atlántico, el
cual encalló y se destruyó en la costa norte de Africa, así que de
nuevo, se encontró buscando la manera de llegar a América. Después
de pasar alrededor de una semana en el caluroso puerto africano,
finalmente logró persuadir a un oficial de un barco para que lo
llevara hasta América. Que haya sido un problema de lenguaje o un
malentendido, Karl no sabe, pero cuando el barco finalmente atracó,
él estaba en Venezuela (Suramérica) y no en los Estados Unidos.
Cansados y sin dinero, no tuvieron otra opción que quedarse allí.
Karl dice que pudo haber sido una bendición y que no tiene ningún
pesar respecto a los cuarenta años que ha vivido en Venezuela; él
ama el país, a su gente y en particular el río Orinoco.
Temprano, la mañana
siguiente tuvimos que recoger el campamento para llegar a tiempo al
punto de partida de la siguiente etapa del rally, cuando se nos
acercaron un par de indios adolescentes de la aldea. Ella sufría, al
parecer, de un doloroso absceso en un diente y quería conseguir el
tratamiento de un doctor. Su novio, que la acompañó, se veía muy
contento de haber conseguido un viaje en una embarcación rápida y la
idea era llevarlos hasta un puente que estaba a setenta millas río
abajo, donde la calle los llevaría hasta la clínica. Nosotros no
teníamos idea de cómo iban a regresar, pero milagrosamente, el dolor
de diente se desapareció al momento que nosotros partimos de la
aldea, así que llegamos a la conclusión de que ellos mintieron para
conseguir el viaje. |
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El
comienzo de la siguiente etapa fue un asunto ocasional, pues fijamos
nuestro propio paso de velocidad hacia Puerto Páez (frontera
venezolana/colombiana). En todo momento fuimos escoltados por la
armada venezolana, los cuales andaban en un par de embarcaciones
camuflajeadas de Artigiana Battelli y en un barco de desembarque de
noventa pies. Cuando nos amarramos a sus embarcaciones, fuimos
bienvenidos por un grupo de soldados de resguardo fronterizo, los
cuales estaban seriamente equipados y armados.
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A mi
sorpresa, eran realmente amistosos pero tan jóvenes que un par de
ellos parecían no tener más de quince años; qué responsabilidad.
Después de una breve parada, cruzamos el río hacía la ciudad
colombiana de Puerto Carreño, donde nos sentamos en un café frente
al río a beber café colombiano. De nuevo, la presencia militar allí
era alta ya que había tropas colombianas que rondando en las calles
y en el agua. Una cosa notable era la limpieza de la ciudad y lo
amigable que era la gente, ya que a pesar de mi carencia de hablar
español, de alguna manera me encontré hablando con cuatro muchachas
atractivas que habían llegado en motocicletas. Ellas se mostraron
interesadas en el hecho de que no era un americano ' gringo ' sino
que era un inglés de Londres. No obstante, nuestra estancia fue muy
breve y en menos de una hora, nos encontramos camino hacia Puerto
Ayacucho, donde pasaríamos la noche. Éste era el límite de la
navegación oficial del Orinoco y debido a que otros ríos más
pequeños alimentan el río principal, este culmina con una barrera de
grandes rocas por las cuales el agua pasa creando un rugido y
remolinos. Después de aprovisionar de combustible y de amarrar las
embarcaciones, un amigo de Ivor nos llevó en la parte posterior de
su camioneta pick up a lo que yo creí iba a ser el hotel, pero
entendí mal, ya que después de 80km por carretera muy irregular,
finalmente llegamos a un tobogán de agua natural de 600 metros de
largo. Aunque este sitio estaba en un lugar remoto, era un punto
muy popular, ya que había bastante gente bañándose en una piscina
ubicada en la base del tobogán y otras en la parte superior del
mismo. Había también agujeros profundos en las rocas, al borde de la
rápida corriente de agua, que formó Jacuzzis naturales, así que nos
sentamos en éstos para refrescarnos y descansar; eran maravillosos,
pero no eran el motivo por el cual Ivor nos había traído. Ivor y su
amigo insistieron que éstos eran los toboganes de agua naturales más
largos del mundo y que no podríamos regresar a Europa sin lanzarnos
por ellos. Ya se estaba poniendo oscuro, así que Andy y yo decidimos
probarlo y nos lanzamos donde la corriente de agua era más débil de
manera de adquirir velocidad a medida que avanzáramos. Andy se
deslizo y desapareció de mi vista rápidamente pero mi traje de baño
se quedaba pegado de la roca, así que me moví mas cerca del el
centro de la fuerte corriente; todavía no resbalaba, así que me moví
hacia la mitad del poderoso chorro de agua. No me dio tiempo de
sentarme, ya que mis piernas fueron barridas y me lanzaron
literalmente hacia abajo sobre la piedra lisa a una velocidad de
32km. En este momento estaba sentado, pasando por una aterrorizadora
experiencia, cuando de repente perdí completamente el control y me
dirigí hacia la cara de una roca que estaba a un lado del tobogán.
Apenas pensé que estaba seguro, mi parte posterior golpeó un canto
agudo en la roca, que aparte de sentir que me había roto la pelvis,
me dio la vuelta de modo que ahora iba de cabeza; otro canto me dio
en el pecho, el estómago y en otros lugares mientras pasaba a
centímetros de una pared de piedras. Finalmente llegué al final del
tobogán y fui depositado de cabeza en la piscina donde los bañistas
miraban con asombro como me arrastré para salir sangrando del agua.
Andy y yo terminamos con cortadas y contusiones, así que si usted
visita este tobogán, no lo intente al menos que a usted le guste el
dolor! Afortunadamente, esa noche terminamos en una ducha caliente
y cama de hotel, una combinación que mi cuerpo apreció mucho.
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Habiendo navegado hasta no poder subir más el Orinoco, la mañana
siguiente navegamos río abajo a altas velocidades por secciones
angostas y anchas del río, donde nos encontramos con embarcaciones
más lentas o fuimos ocasionalmente alcanzados por otras más rápidas.
Esta fue una larga etapa, donde las embarcaciones pasaban por
cualquier lado de las islas que se encontraban a lo largo del río y
era interesante ver las diversas rutas que cada quien tomaba; ¡de
momento, una embarcación de . |
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carrera nos alcanzaba y desaparecería
alrededor de una curva
o detrás de una isla y después de una hora, la misma embarcación
aparecería detrás de nosotros, nos pasa y después se repite, más
adelante, el proceso entero otra vez! Eventualmente cruzamos en el
Río Capanaparo y llegamos a la Granja, la cual era la próxima
llegada. Aquí nos encontramos con una embarcación de desembarque
enorme que tenia su rampa extendida hacia la orilla del río. Delante
de esta embarcación había una gran extensión plana de tierra
cubierta con hierba, un rancho y tres sepulcros reposando debajo de
un grupo árboles. Este era un lugar hermoso, había llaneros montando
a caballo de un lugar al otro, mientras todas las otras
embarcaciones llegaban para amarrarse a la orilla del río. Hacia
mucho calor y mientras la gente preparaba su campamento y armaban
sus tiendas de campaña, Ivor me paso un salvavidas y un vaso gigante
lleno de hielo y ron con Coca-Cola. 'Nosotros no tenemos que
ocuparnos del campamento, así que ponte el salvavidas y refréscate
en el río con tu bebida’. No necesité que me lo dijeran dos veces y
suavemente me metí en el agua, la cual, aunque tenía una corriente
de pocos nudos, estaba perfectamente calmada donde estábamos
amarrados. Después de algunos minutos en el agua, algunas de las
personas me señalaban y presumo que discutían la buena idea de
relajarse en el agua con una bebida bien fría. Cerca de setenta
embarcaciones habían llegado y el terreno herboso estaba lleno de
gente, pero aun nadie se había metido en el agua. Luego me dirigí a
la otra embarcación del equipo, donde estaba el Dr. Eduardo
preparándose una bebida mientras casualmente me explicaba el motivo
por el cual mas nadie se había metido en el agua; ' oh ' dijo él, '
probablemente es porque a cinco kilómetros de aquí hay una granja
que cría cocodrilos que luego son reintroducidos en el Orinoco, una
especie gigante del cocodrilo que estaba casi extinta'. Mi corazón
se sobresaltó y me fui acercando a la embarcación, pero para
sorpresa, Eduardo se estaba metiendo en el agua de la cual yo
intentaba salir. ‘Te vas a meter después de lo que acabas de
decirme?' Le pregunté con tono de sorpresa en mi voz. ' Ah, no hay
problema durante la estación de lluvias, pues hay muchos peces para
que ellos coman y son más fáciles de digerir que los seres humanos!'
Bien, pensé, entonces me saldré para servirme otra bebida y
permaneceré aquí, ya que estoy disfrutando de mi agradable baño y
bebida. El calor era intenso, así que otras ' personas valientes’ se
metieron en el agua para refrescarse. ¡Eduardo obviamente les había
informado a todos, pero alguien le dijo algo a los cocodrilos! Otros
quince minutos pasaron, no había mucha gente en el agua y empecé a
pensar lo ' tonto ' que había sido; Apenas estaba listo para meterme
de nuevo en el agua, pasó un grupo de niños que cargaban unos peces
bien raros, Que son esos’? Inocentemente pregunte. ‘Pirañas’
contestó Alvaro, quien se estaba metiendo en el agua. Son sabrosos’,
así que me busque otro lugar para tomarme mi bebida! A pesar de la
fascinante naturalidad del río, también era bastante interesante en
tierra firme, ya que habían un número de parrillas que cocinaban una
variedad de platos interesantes como a un becerro entero, pescado
fresco y la paella más grande que había visto en mi vida.
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Intenté un nuevo arreglo para la hamaca esa noche y funcionó bien
hasta cerca de la una de la madrugada, cuando llegaron un grupo de
personas con retraso que gritaban y utilizaban sus reflectores para
encontrar un espacio para amarrar su embarcación. Intente sentarme
en la hamaca para ver lo que ocurría, pero esta se rompió y me fui
de cabeza contra la cubierta de la embarcación.
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No obstante, esto era
un problema de menor importancia en comparación con la llegada
retrasada de esas personas, quienes estaban compitiendo con su
catamarán en la tarde cuando de pronto chocaron, a alta velocidad,
con algo en el agua. Como estaban navegando cerca de la orilla del
río, terminaron montados en un matorral a cierta distancia del río.
El catamarán se rompió en pedazos y milagrosamente las cuatro
personas a bordo solo sufrieron leves cortaduras y contusiones.
Evidentemente, se honró el estilo suramericano, ya se vio mucha
agitación de brazos acompañados con una fuente ilimitada de consejos
verbales. Contaron con la ayuda de los organizadores y de otros
competidores para rescatar durante el resto de la tarde y noche todo
el equipo valioso, incluyendo dos motores fuera de borda de 300hp,
los cuales fueron transferidos a una embarcación de gran tamaño que
pasó por el lugar. Ésta fué una gran hazaña que demostró la
determinación de la tripulación de poner a salvo cualquier objeto
que pudiera ser removido en cuestión de horas por los 'piratas
locales'. ¡Todo esto se hizo a pesar de la amenaza de serpientes y
de arañas venenosas, cocodrilos, pirañas y rayas que reposan sobre
la arena bajo las aguas, las cuales siempre están a la espera de un
pie humano para picar!
Al día siguiente,
mientras cuidaba mi contusionada cabeza y las miles de picadas de
mosquitos que tenia, me preguntaba cómo era posible que las personas
que fueron rescatadas la noche anterior, las cuales fueron
expuestas a cada insecto conocido por el hombre, se veían sin
picaduras. ¡Obviamente, fe, fi, fo, fum, debe ser un popular cantar
entre los mosquitos locales!
Volvimos a navegar en el Orinoco rumbo a Caicara, el cual sería el
siguiente punto de reabastecimiento de combustible. El río estaba
absolutamente entrecortado y teníamos viento de frente, pero
disfrutamos de este trayecto a alta velocidad en compañía de otra
embarcación crucero marca Magnum de 27 pies, la cual era propulsada
por tres motores fuera de borda de 250HP marca Yamaha. Nuestras
embarcaciones semi-rígidas y el crucero de 27 pies demostraron ser
tanto más rápidas bajo esas condiciones que nunca nos lograron
alcanzar en ese trecho tempestuoso del río. En un particular punto,
giramos hacia una estrecha y escondida entrada del río que se
convirtió en un hermoso y ancho canal, el cual navegamos por cerca
de veinte millas. Todavía en compañía del crucero de 27 pies, ambos
nos percatamos al mismo momento de que nos habíamos incorporado al
río incorrecto, así perdiendo mucho tiempo y combustible, así que
nos regresamos y encontramos a otros competidores ' perdidos ' que
incurrían en la misma equivocación. Afortunadamente y debido en
parte a nuestra velocidad de navegación en las aguas entrecortadas,
logramos llegar al punto de control final del día a tiempo,
adquiriendo así la máxima puntuación, cosa que no muchos pudieron.
Esa noche fue la peor por los mosquitos y en la mañana siguiente me
doy cuenta de que había pegado mi brazo derecho y rodillas de la red
contra mosquitos que rodeaba mi hamaca; el resultado fue que Andy
contó más de cien mordeduras en el codo derecho, ochenta y cinco en
mi rodilla izquierda, sesenta en mi rodilla derecha y para mas
colmo, se me aflojo el estomago!
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Todavía en el río principal, me cedieron el timón por un largo
estrecho de agua entrecortada y después de un par de horas a
aproximadamente cuarenta nudos, dimos vuelta en la Río Caura. Todos
los barcos reaprovisionaron de combustible cerca de un puente en
Maripa, el cual fuera también el final de la etapa oficial del día y
donde muchas embarcaciones se pararon para pasar la noche. Nosotros
continuamos hacia encima Las Trincheras, un pequeño y alejado
poblado situado a casi dos horas río arriba.
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El río Caura era
impresionante; era absolutamente ancho al comienzo, bordeado
generalmente con densas selvas tropicales en ambos lados y contaba
ocasionalmente con islas pequeñas, las cuales bordeamos
cuidadosamente por no saber la profundidad del agua, pero lo más
extraño fueron los árboles solitarios que increíblemente crecieron
en el medio del río. Presumiblemente, estos crecían de pequeñas
islas que aparecen durante el verano y cuando el nivel del agua es
muy bajo, permitiendo que el árbol eche raíz y se fije antes que la
estación de lluvias levante el nivel del agua a la mitad del tronco.
De allí en adelante, las raíces crecen hacia fuera para reforzar su
agarre y es entonces que se repite el proceso de nuevo. Todavía no
nos explicamos como no pudimos encontrar el poblado de Trincheras,
pero lo que si sabíamos nos encontrábamos, sin duda, en el lugar más
peligroso de nuestro viaje, ya que aumentaba la cantidad de grandes
rocas planas medio sumergidas. Navegamos con mucha cautela y a una
velocidad muy reducida, así explorando el agua en búsqueda de un
paso seguro. Mas adelante, el río pasaba sobre las rocas con una
energía que nunca antes había experimentado, de tal manera, que
nosotros utilizamos una cantidad significativa de poder de nuestro
400hp para guardar control en contra de la corriente. Después de
treinta minutos y de una estresante navegación por los rápidos,
ocasionalmente pasando a muy poca distancia de rocas, realizamos que
ahora no teníamos ninguna otra opción que seguir adelante hasta
encontrar un lugar seguro donde dar la vuelta. Mientras que esto
pudo haber sido una excelente experiencia de white water rafting,
este era un lugar muy peligroso para nuestra embarcación, así que
más adelante conseguimos la primera oportunidad de dar vuelta al
barco y dirigirnos río abajo. Ivor condujo la embarcación con
habilidad y tranquilidad, mientras que Ricardo, el periodista
español lo dirigió con sus brazos a encontrar la vía mas segura;
eventual alcanzamos una especie de meseta de cientos metros de
ancho, la cual era alimentada por tres o cuatro ríos más pequeños
que creaban centenares de torbellinos y remolinos que nos empujaron
como si fuéramos un juguete. Con habilidad y suerte sobrevivimos y
luego de algunas millas en sentido descendiente, nos encontramos con
la otra semi-rígida del equipo amarrada al borde del rió en el
poblado de Las Trincheras.
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Después de amarrar la
semi-rígida visitamos la 'aldea' y nos asombramos al descubrir que
este hermoso lugar había sido descubierto y desarrollado por un
alemán que, enamorándose del lugar, construyó media docena de
viviendas para el y para gente que quisiera gozar de soledad, de paz
y de tranquilidad. Después fuimos invitados a sentarnos en una
pequeña choza donde nos sirvieron un plato de 'lapa' que estaba
delicioso.
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Tenía muchos huesos y
aunque no era desagradable, dado la opción, prefería el pescado
local cada vez. Alguien nos informó que era posible alquilar un
cuarto aquí y al investigarlo, nos fué demostrado un cuarto
intachablemente limpio y cómodo, tenía cortinas blancas alrededor y
una cama matrimonial que se veía muy cómoda. La electricidad estaba
disponible en la noche, cortesía de un generador diesel antiguo de
tres-cilindros y esa noche nos comimos una comida preparada por los
aldeanos.
La mañana siguiente, el
río había bajado y las embarcaciones estaban fuera del agua, así que
empujamos la semi-rígida más pequeña al río y con una cuerda larga y
gruesa, remolcamos la otra media docena de embarcaciones que pasaban
por lo mismo dentro del agua. La preocupación más grande eran las
rayas eléctricas, las cuales frecuentan esta parte del río;
especialmente cuando era yo el que tenía el agua hasta el cuello,
pues era el que amarraba las cuerdas de remolque a cada barco. El
viaje de regreso a Maripa fue un placer y nos dio la oportunidad de
contemplar, de nuevo, la belleza y tranquilidad del río. Esto
contrastó con nuestra llegada a Maripa, ya que había mucha actividad
debido a que los diversos equipos corrían para preparar sus
embarcaciones para la penúltima etapa. Lentamente, navegamos entre
las otras embarcaciones hasta que finalmente amarramos nuestras semi-rigidas
al lado de un catamarán de carrera, al cual le había ido
extremadamente bien para haber llegado tan lejos en la competencia.
Para mi sorpresa, el conductor del mismo me pregunto, en buen
inglés, qué pensaba de la carrera y después de expresar mis
opiniones, yo lo felicité a él y a su equipo por su tenacidad y le
pregunté cual era la velocidad tope de su catamarán. El dijo
‘normalmente alrededor de 200 kilómetros por hora, pero debido al
exceso de peso por el combustible y la falta de la cubierta
aerodinámica de la cabina, estamos haciendo solamente 185km’. ¡Que
patético, yo pensé que haría 11 5 mph '! Les deseé mucho éxito para
los dos días restantes y pensé que eran o muy valientes o totalmente
‘locos’.
Una vez más, nos
alineamos todos para el comienzo de la penúltima etapa hacia Cuidad
Bolívar y cuando apenas cayó la bandera, cruzamos la línea en el
segundo lugar y sacamos un margen útil sobre el resto de la flota,
alrededor de una milla. Fue entonces cuando vimos con asombro como
las embarcaciones de carrera nos alcanzaron, pasaron y literalmente
volaron al lado de nosotros a más del doble de nuestra velocidad. El
agua estaba tranquila y las embarcaciones más rápidas se
desaparecían en la distancia, aunque nos enteramos más adelante, que
el catamarán que estaba estacionado al lado de nosotros en Maripa
había perdido el control a alta velocidad y se metió contra la
orilla del río, destruyendo totalmente el catamarán y lanzando a
todo el equipo por el aire. Afortunadamente nadie salió seriamente
herido, pero él echo de no poder culminar la carrera los devastó,
especialmente cuando ya habían superado todos los obstáculos
anteriores. Después de aproximadamente veinte millas, el agua se
comenzó a cortar y comenzamos a adelantar, primero a las
embarcaciones de carrera pequeñas y luego a las más grandes; nadie
pudo navegar tan rápido como nosotros en el río picado y fuimos uno
de los primeros en llegar al final de la etapa. Esta fué una parada
para reaprovisionar combustible antes de partir a Ciudad Bolívar
para pasas la noche, pero en vez de asignar turnos basados en el
orden de llegada, todo se dejo para ver quién podría agarrar las
mangueras de combustible primero. Cada vez que nos acercábamos hacia
la orilla para reemplazar a una embarcación que venía de salida con
los tanques llenos, otra embarcación aceleraba y se metía en el
sitio antes que nosotros llegáramos. Nunca entendí porque la gente
estaba tan apurada, ya que no había limite de tiempo para este
ejercicio, pero Ivor comentó que ese comportamiento era
absolutamente normal en los Venezolanos; ¡tiene algo que ver la
sangre latina, creo!
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El acercamiento a
Ciudad Bolívar fue insignificativo a excepción de un enorme puente
suspendido que cruza el Orinoco y al cruzar la meta final, nos
dirigimos hacia el puerto militar donde pasarían las semi-rígidas la
noche. Una vez amarrados al muelle, bajamos todo el equipo
innecesario y lo pusimos en el camión de soporte de manera de estar
lo más ligero posible para las 65 millas de velocidad del día
siguiente.
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Algunos competidores
sacaban sus embarcaciones del agua para pulir los cascos, levantar
los motores y para cambiar las hélices por unas mas aptas para así
lograr el tiempo más rápido, pero como sabíamos que nunca íbamos a
poder competir con esos corredores, no vimos ninguna razón de
cambiar nada en nuestras embarcaciones. Esa noche debimos permanecer
en un hotel, pero después de tres intentos, comenzamos a desesperar
al descubrir que todos los hoteles estaban llenos. Finalmente
encontramos un hotel en el cual disfrutamos de una buena comida,
pero mi sueño fue estropeado al tener que compartir mi cama con
otro! Que era, es un misterio, pero media cerca de un centímetro de
largo, era rojo y tenía un apetito voraz! Había muerto, pero la
espalda me dolió el resto de la noche a pesar de la aplicación de
una crema especial para mordeduras de insectos.
La mañana siguiente nos
dirigimos a la línea de partida para encontrarnos con los otros
competidores para navegar las últimas 65 millas hacia Puerto Ordaz y
de nuevo, tuvimos un buen comienzo pero como de esperar, las
embarcaciones de carrera nos empezaron a alcanzar. Al poco rato nos
encontrábamos peleando milla a milla con otras embarcaciones de
igual potencia, a veces con solamente algunos metros entre nosotros,
pero nunca nos descuidamos por un segundo y nos sorprendimos con
nuestra velocidad promedio de 63 nudos, aunque esta fué alcanzada
con la ayuda de una corriente de 8 a 9 nudos.
Terminamos el Rally del
Orinoco o para darle su título oficial ‘Nuestros Ríos son
Navegables’ y durante el acontecimiento de 1100 millas, más las
millas adicionales de nuestras excursiones, no habíamos sufrido un
solo problema con las semi-rígidas ni motores. Estábamos todos muy
contentos, pero aun nos mordimos las uñas un rato mientras
esperábamos a nuestros compañeros que venían en la semi-rígida de
7.5 metros, con solo un solo motor de 200hp, la cual era obviamente
más lenta y no veíamos todavía. De repente los vimos venir a toda
velocidad hacia la meta cuando de repente, a pocos metros de esta,
se pararon. Podíamos ver a la tripulación moverse dentro del barco,
los cuales obviamente intentaban poner en marcha la embarcación,
pero como estábamos muy distantes, no sabíamos cual era el problema.
Pudieron haberle pasado por arriba a una boya, quizás golpearon un
tronco o se les apagó el motor. Fuese lo que fuese, estuvieron
parados lo suficiente como para que un número de embarcaciones, más
lentas, cruzaran la meta antes. Después de lo que pareció una
eternidad, pusieron la semi-rígida en marcha y cruzaron la meta
para el alivio de todos nosotros; resulta que habían calculado el
combustible al más pequeño de los márgenes, pero en esta ocasión,
demasiado pequeño! Afortunadamente, tuvieron suficiente combustible
en las mangueras del segundo tanque, a la cual también se le agotó
al cruzar la meta; eso si es calcular al mínimo! |
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Había una buena fiesta
de culminación adyacente a los muelles, a la cual los competidores,
equipos de la ayuda, familias y amigos atendieron. Por otra parte,
muchas de las competidoras hicieron el esfuerzo de arreglarse lo
mejor posible; realmente se veían imponente! De los 127
principiantes que comenzamos, 69 terminaron y honestamente, cada
uno se merecía una medalla. A los organizadores los criticaron
levemente, lo cual es siempre inevitable; en mi opinión, pienso que
hicieron un fantástico trabajo y no vacilaría en volver. Al comienzo
del rally estábamos molestos por ser incluidos dentro de la
categoría (fuerza libre), en la cual nos tocaba competir con
monstruosas embarcaciones capaces de duplicar nuestra velocidad,
pero a nuestro asombro y placer, agarramos un tercer lugar; nada
malo para una semi-rígida de producción estándar y de uso familiar
que llevaba dos motores fuera de borda sin modificaciones. Mil
gracias a AB Inflatables, Yamaha, a los equipos de ambas
embarcaciones y al conductor de nuestro apoyo terrestre, por
habernos permitido ser el mejor equipo del acontecimiento. Por
cierto, si hubiéramos tenido un litro adicional de combustible en la
semi-rígida pequeña al final, también habríamos ganado el premio del
mejor equipo.
Que se puede hacer, así
es la vida! |
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Gracias a Hugo, a Andy, a Ivor y a todo el resto de
la tripulación que hicieron de este viaje algo muy especial que
nunca olvidare y gracias a mi esposa Paola por todo su soporte desde
la casa. Este viaje fué el mejor de todos los que he realizado.
Paul Lemmer
RIB Magazine
International |
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