Rally en el Orinoco - 2000Km de aventura escrita por el editor de la revista RIB International, Paul Lemmer

   

Paul Lemmer cuenta su épico viaje a través del peligroso río Orinoco, ubicado en Suramérica y en compañía de otras120 asombrosas embarcaciones. Las embarcaciones semi- rígidas fueron las héroes de la carrera en los tramos más difíciles en los ríos.

 

Como de costumbre, Hugo Montgomery, dueño y editor de esta prodigiosa revista, me llamó para preguntarme si estaba disponible, de inmediato, para tomar un pequeño viaje. La conversación fue algo asi.

"Bueno" y pregunte, "¿cuando y a dónde?"

 

"En un par de semanas y para participar en un rally al cual asistirán  mas de 100 embarcaciones. Tu acompañaras a la gente de AB en una embarcación de 8.5m, equipada con dos motores Yamaha de 200hp e incluye todos los gastos."

 

Pensé que era fabuloso, "donde va a ser este acontecimiento, Italia, Francia, España?"

 

"Realmente no es en Europa, para serte mas claro, va a ser en Suramérica, exactamente en Venezuela, por el río Orinoco a través de las selvas tropicales del Amazona, y regresaras después de haber recorrido una distancia total de alrededor 1100 millas."

  

"Eso es todo?", contesté rápidamente.

 

"Bueno, realmente no, cuando culmine el rally, tu embarcación y equipo, en compañía de otra embarcación AB de 7.5 metros, continuarán por el expansivo Delta del Orinoco, saliendo al mar y navegarán frente a Trinidad y otras numerosas islas mientras costean para llegar a la Guaira; aproximadamente 1200 millas adicionales!”

 

Este viaje era bastante serio y requería de una cierta y seria consideración antes de llegar a una decisión; así que después de tan solo deliberar por menos de cinco segundos, contesté. "sí, cuenta conmigo!"

Como de costumbre, tomar la decisión fué la parte fácil, después tuve que verificar mi agenda y convencer a mi esposa. Siempre sucede lo mismo con ella, entro a mi casa diciendo “no puedo creer mi suerte, nunca adivinaras lo que me ofrecieron hoy” y la respuesta común de ella es “no me digas que es otra oportunidad la cual solo viene una vez en la vida?”

 

Apartando las formalidades y con pocas horas para prepararme, tome el curso de inocularme contra todo e visitar una tienda para comprar ropa y equipo para la selva. ¡Todos los bolsos impermeables que tenía eran demasiado pequeños, así que tuve que obtener uno más grande para meter mi tienda de campaña, bolso de dormir, mosquitero, hamaca, trajes impermeables, zapatos, botas, ropa normal y para la selva, equipo de primeros auxilios, cuchillo, linterna, closet de medicinas, cremas anti-todo, aerosoles, vendajes, yesos y el más importante de todos, crema para evitar la mordida de cocodrilos y pirañas! ¡Hugo también quería que tomara muchas fotos, así que mi cámara de fotografía junto a treinta y seis rollos de película encontraron su manera en el bolso!

Al momento de tener todo empacado, me doy cuenta de que apenas podía levantar ese desgraciado bolso, el cual luego descubro que era tan impermeable como un colador el primer día. Lección aprendida, lleva pocas cosas en un, o todavía mejor, dos bolsos impermeables que se puedan cargar, llevar y guardar a bordo con facilidad.

El vuelo directo desde Londres hasta Caracas, capital de Venezuela, tomó nueve horas; presentaron las dos usuales películas, tres comidas, hubo mucha incomodidad y poco sueño antes de desembarcar a los 30 grados y  húmedos de Caracas. Fui recibido en el aeropuerto por  Alvaro Betancourt, gerente de mercadeo de AB, quien seria el capitán de la otra embarcación del equipo de AB en el rally y expedición por el Delta. Nuestro primer destino fue la fábrica del AB para examinar las embarcaciones y para conocer al propietario de AB Inflatables, Ivor Heyer, quien seria nuestro capitán y anfitrión por las próximas dos semanas.

Navegue en la embarcación de Ivor todo el recorrido y me sentí afortunado de estar en la compañía de un hombre tan cordial, agradable y capaz. Los otros dos compañeros, igualmente agradables, eran Andy Leemann, de origen suizo y propietario Yacht Center Palma en Mallorca, una persona con abundante experiencia en todos los tipos de embarcaciones y del español Ricardo Masabeu, periodista muy respetado en el ambiente náutico, quien cubría el rally para la revista Española de embarcaciones inflables “Neumáticas”.

 

Nuestro equipo cuidadosamente inspeccionó la embarcación de AB de 8.50mt, la cual iba a ser  nuestro hogar por los próximos quince días. No nos decepcionó; era una embarcación de un acabado hermoso, su casco contaba con una V profunda de 24 grados que llevaba instalados dos motores Yamaha de 200 caballos de fuerza. Esta embarcación fué preparada para la pesca y portaba un toldo fijo el cual nos proporcionó una cortina de sombra, la cual muchas veces necesitamos.

 

La embarcación del segundo equipo era un AB de 7.5mt, piloteado por Alvaro junto a su suegro, el doctor Eduardo Souchon, eminente cirujano venezolano (que nos agrado tenerlo a bordo) y Miguel Angel Hita, otro amistoso español que trabaja con Andy en Mallorca.

Un equipo profesional de soporte remolcó via carretera y durante un par de días las embarcaciones hasta el punto de partida en San Fernando de Apure; mientras que el personal de ambos equipos nos dimos el lujo de ser transportados en el nuevo Cessna 402, bi motor de ocho puestos de Ivor. Volamos a una altitud tan relativamente baja, que pudimos apreciar el impresionante paisaje de Venezuela. Cuando volamos sobre tierra firme, pudimos ver el Río Apure debajo de nosotros, el cual dirigía su cause hacia el Río Orinoco y hacia la Amazonia, lugar donde pasaríamos la semana entrante.

Mi experiencia en hotel local no fué buena del todo y mi primer encuentro con su 'aire acondicionado' fue absoluta y simplemente del más allá. El hotel, por no encontrar una palabra mejor, era como un cuartel del ejército, de cuartos muy básicos con dos camas raquíticas, increíblemente incómodas y una ducha sin la regadera que arrojó agua marrón y fría. Debajo de nuestra ventana había una cosa oxidada que se asemejaba a una tostadora gigante, del cual luego fui informado que era un aire acondicionado. Luego de la pared salían cables eléctricos vivos y sin protección, que podían fácilmente hacerte daño de no prestar atención el la oscuridad. Al caer la noche, la humedad incrementó a un punto insoportable y en el momento que salimos de la habitación para buscar algo para cenar, nos encontramos con el recepcionista del hotel, quien estaba preparado con un destornillador y un martillo, para pelear con nuestro aire acondicionado. Camino hacia nuestra habitación más tarde esa noche, pudimos escuchar un increíble ruido que salía de nuestra habitación y cuando abrimos la puerta, nos dimos cuenta que todo se debía a la ‘tan profesional reparación’ del aire acondicionado. El ruido era insoportable. ¿Cómo podía uno dormir allí? Es verdad, el aire funcionaba; ¡el cuarto estaba tan frió que lo sentía como a 40° bajo cero, y al igual que en las heladas, estaba esperando que se formara escarcha en el interior de la ventana! Obviamente, mientras buscaba el termostato, pensé que  esto debía ser una broma venezolana, pero me equivoque. Que alternativas – O me cocino con el vapor de una olla de presión o me congelo con el placer de tener el ruido de un avión despegando a un metro de mi; ¡entonces, no pude dormir allí!

 

En la mañana, nos acercamos al río e inexplicablemente me seleccionaron para hacer las compras en un pequeño pueblo de habla española. ¡Yo! ¡La persona que no habla nada de español y que odia comprar, 'usted debe bromear'. Afortunadamente, ayuda me fue proporcionada por el cordial Dr. Eduardo, que con su maravillosa manera de tratar y hablarle a la gente, logro conseguir buenos precios.

 

Luego volvimos a los barcos, los cuales almacenaban una enorme cantidad de alcohol, de bebidas suaves, más una cantidad relativamente pequeña de alimento. ¡Esto prometió ser un viaje interesante!

 

Había 128 competidores inscritos para la carrera y un arsenal asombroso de embarcaciones, desde catamaranes con tres motores fuera de borda marca Mercury 300hp y uno con dos motores dentro de borda de 900hp, como botes familiares con papá, mamá, hijos y en algunos casos los abuelos. También vi a un competidor, valiente o mejor dicho loco, que se presento con un catamarán formula circuito uno, el cual transformo la cubierta para sentar a su co-piloto sobre el tanque del combustible!

 

¿Inspecciones? ¡Claro que sí, habían inspectores, pero por cosas del destino, todos los barcos que entraron aprobaron sin problemas! Raro eso, pero para ser justo, el estándar de las embarcaciones era en general alto y mucho crédito hay que darle a los dueños por preocuparse en hacer sus embarcaciones confiables y seguras. También tengo que admitir el profesionalismo con el que se desarrollo el evento, lo cual me sorprendió y por eso hay que darle crédito a los organizadores por su gran esfuerzo.

 

128 barcos se movían de un lado a otro en espera del comienzo de la carrera y esto creaba un ambiente eléctrico. A medida que pasaban los segundos, nosotros nos colocamos en la primera fila junto a otras embarcaciones; pues la bandera que indicaba el comienzo cayó y éramos uno de los primeros en cruzar la línea. Probablemente debido a que nuestras propalas eran más pequeñas y la forma convencional del los cascos, nuestra aceleración era fabulosa y nos encontrábamos al frente durante los primeros cuarenta y cinco segundos; las embarcaciones de ‘carrera’ gradualmente aparecieron detrás de nosotros hasta que fuimos sobrepasados por ambos lados por estas veloces y ruidosas maquinas a 100mph o mas, las cuales solo dejaron detrás de ellas, un rió confuso y entrecortado. A pesar de mis muchos años de experiencia en carreras en mar abierto (offshoring) y de circuito, nunca había experimentado carreras en ríos y fui sorprendido en cómo algunos competidores estaban preparados para navegar a altas velocidades por curvas estrechas y ocultas en el imprevisible río. No estoy seguro de que Ivor conociera mi experiencia en carreras de embarcaciones, pero decidió confiarme el mando para este primer tramo del rió el cual tenia muchas curvas, lo cual fue una experiencia que disfrute enormemente. Tampoco estoy seguro de que las otras personas de nuestro equipo estuviesen entusiasmados con mi conducir, especialmente cuando un par de embarcaciones de carrera de 6m nos pasaron a alta velocidad, para luego encontrarse ambas fuera del agua como a 15 m de la orilla del rió, con unas tripulaciones que se apreciaban algo confundidas.

 

El acontecimiento era un rally, no una carrera, el cual contaba con tiempos de salida y de llegada que eran cuidadosamente supervisados por los organizadores, pero también había un par de estrechos rápidos para darle más emoción. Incluso así pues, existía rivalidad entre algunos equipos que solo estaban pendientes de alcanzar los mejores tiempos desde el comienzo hasta el final, quienes fueron en búsqueda de otros como ellos para realizar sus propias carreras.

 

Paramos en nuestro primer punto de control oficial, un pequeño pueblo ubicado en los bancos de la Río Arauca, justo antes de que el cielo mandara un torrencial de agua sobre los competidores y espectadores, pero este no logró humedecer los espíritus de la gente local, quienes se veían alegres, o algo desconcertado, por la repentina llegada de un manojo de competidores ' locos ' en sus ruidosas e humeantes carrozas de agua pintadas en colores brillante. La lluvia paró tan rápido y repentinamente como había comenzado, así que esa tarde continuamos a lo largo de un laberinto de pequeños ríos que finalmente nos llevaron hasta la pequeña aldea de Arauquita las cual esta ubicada en los bancos del río Arauca. Pasé las primeras horas de la noche arreglando mi lugar para dormir, ya que el resto del equipo decidió dormir en tiendas de campaña a orilla del río. Yo decidí dormir en nuestra embarcación y estuve luchando con mi colchón, hamaca y el mosquitero mientras intentaba hacer un boudoir cómodo entre los asientos de proa. Tomó algún tiempo, pero al final me quedó muy acogedor y a medida que la oscuridad caía, la música comenzó y hay que ver que a los venezolanos les gusta su música. Ellos son ruidosos o muy ruidosos, beben y bailan mucho y para nuestra sorpresa, el Dr. Eduardo, acercando a sesenta años de edad, pasó un par de horas enérgicas bailando con las muchachas locales de la aldea hasta el cansancio. Con la oscuridad, me vino la paranoia hacia los mosquitos suramericanos y mis peores miedos fueron observados cuando estos se me presentaron en millares. De acuerdo a lo sugerido por mis compañeros de equipo, había tomado la precaución de cubrirme el cuerpo entero con un ‘repelente de mosquitos especialmente formulado para la selva’ que obtuve en ‘Blighty’, pero en vez de repeler a los pequeños diablos, parecía que los excitara, ignorando a todo el mundo excepto a mi. Después de quince minutos infructuosos de carrera, no me quedo otra alternativa que correr hacia el bote y zambullirme en 'dormitorio improvisado' donde me sentí seguro e infantilmente imité a los pequeños y ruidosos mosquitos por esfuerzos perdidos. El cansancio y los inevitables efectos de varios vasos de 'provisiones’, me fueron apagando mientras disfrutaba la claridad de las estrellas en la oscuridad de la noche.

 

La mañana siguiente, nos preparamos para un recorrido de velocidad a lo largo del resto del río Arauca hasta el Orinoco. Mientras cada categoría salía en su determinado tiempo, nosotros hicimos de nuevo un buen comienzo, ya que rápidamente viajábamos a una velocidad por encima de los 50 nudos cuando alcanzamos la extensión mas amplia del Orinoco, dirigiéndonos contra la corriente hasta el punto de control siguiente que resultó ser unas dunas de arena en Piedra Parguasa.

 

Una vez firmada nuestra llegada, cruzamos el rió y efectuamos la primera de muchas paradas para reabastecer de combustible, lo cual resultó ser un chiste. Nos acercamos a un gran muelle de concreto, donde se encontraban un grupo de embarcaciones gigantes que estaban siendo cargadas de algo que parecía tierra roja por medio de una banda transportadora. Estas gigantes embarcaciones eran luego remolcadas por remolcadores y continuaban río abajo hasta llegar y descargar cerca del delta. Todo estaba rojo, el muelle, la carretera, la flora circundante y el agua del mismo río; sea lo que sea, esta sustancia similar a la arcilla, ciertamente tenía un efecto profundo en el ambiente circundante. A medida que las embarcaciones del rally fueron llegando y acomodándose en el muelle, vi los arreglos que se utilizaban para aprovisionar de combustible, los cuales eran básicos pero eficaces y de los cuales debíamos depender para el resto del rally. Un camión cisterna de combustible fue estacionado en la parte alta de una rampa y de este salía una manguera de combustible de gran diámetro que llegaba hasta las sedientas embarcaciones. Al final de esta manguera había un tubo de aluminio del cual salían doce líneas de combustible y las cuales tenían un surtidor de gasolina estándar como el de las estaciones de gasolina. Era una técnica muy ‘prehistorica’ y a nadie le importó, en lo más leve, tomar medidas de seguridad tales como tener un extintor a la mano o asegurarse de evitar derramamientos. Un equipo del rally insertó el surtidor de gasolina en posición abierta y abandonó su embarcación para tomarse una bebida en la orilla del río. A los pocos minutos, la gasolina se salía con excesiva presión fuera del respiradero y del hueco de llenado hacia el río, donde fluyó alrededor de las otras embarcaciones,  rodeándolos con un cóctel potencialmente mortal. Los diferentes equipos ignoraban el peligro y a pesar del alto olor a gasolina, estaban fumando mientras conversaban y brincaban de una embarcación a la otra. Nosotros les gritamos y gesticulamos para alertarlos del peligro y finalmente, después de lo que pareció un año, ellos examinamos la situación y siguieron la bien-ensayada y obvia medida de seguridad de lanzar sus cigarrillos a un lado! Nunca sabremos como no hubo una bola de llamas en el sitio, pero nadie, excepto las personas de nuestro equipo, se mostró perturbado por el incidente. ¡Así que tomamos la precaución de aprovisionar de combustible en contra de la corriente y separados de las otras embarcaciones!

Luego de habernos aprovisionado de combustible, agua potable y hielo, nos dirigimos hacia un grupo de rocas planas en la boca de Río Parguasa, en donde nos atamos a un árbol sobresaliente y preparamos nuestro almuerzo que consistió de salchichas cocinadas en una estufa de gas, cebollas y papitas fritas. Al poco tiempo llegó la otra embarcación del equipo y un personaje junto a su familia que  estaban en una embarcación de río de 6m. Estas embarcaciones de rió son extremadamente pesadas, resistentes y son muy populares para navegar los ríos de Venezuela, ya que podrán resistir el impacto de una roca o árbol que estén sumergidos, siendo esto siempre una posibilidad en estas aguas impredecibles. El dueño de esta embarcación era un caballero de gran tamaño llamado Karl Wallner, el cual ha navegado durante cuarenta años el Orinoco, sus ríos adjuntos y delta e iba a ser nuestra guía en un extraordinario viaje de 75 millas a un lugar remoto llamado Parguasa. Habiendo completado las actividades del rally por el día, éramos libres de hacer cualquier actividad hasta las 08.00 horas del día siguiente, así que Ivor decidió llevarnos a esta excursión no programada para que pudiéramos ver una remota tribu de indígenas que vivían en la cabecera de este misterioso río.

 

El viaje por el río Parguasa fue inolvidable, pues pasamos por varias aldeas que estaban escondidas entre los árboles al borde del río, donde los indígenas, tanto niños como adultos, excitadamente nos saludaban mientras pasábamos frente a ellos a 20 nudos. Horas más tarde, nuestro convoy de tres embarcaciones llegó a un lugar a un lado del río, donde había una pequeña cascada formada por rocas lisas.

 

Nos paramos tan cerca como pudimos a la cascada y atamos las embarcaciones a unas ramas sobresalientes. Sin esperar un segundo, Alvaro estaba en el agua al lado de una de las embarcaciones nadando hacia la cascada y para no quedarme atrás, inmediatamente lo seguí. El agua estaba fresca y rápidamente llegamos al borde de la cascada para tratar de caminar hacia arriba mientras el caudal de agua nos pasaba por los pies. Las rocas que eran totalmente lisas estaban cubiertas en una hierba marrón increíblemente resbaladiza, que nos hizo imposible pararnos, pero permaneciendo en una posición agachada, usando nuestras manos y pies, pudimos  alcanzar el tope de la cascada cientos de metros o más dentro del bosque. Una vez en el tope, nos sentamos y fuimos barridos inmediatamente a gran velocidad, debido a la fuerza de la corriente, hacia el río que nos esperaba abajo y donde aterricé sin incidente; desafortunadamente, Alvaro se fue muy a la izquierda y se dirigió directamente hacia una roca grande y redonda al final de la cascada, donde el agua que fluía desaparecía rápidamente debajo de ella. Por suerte, su rápida y excelente reacción evitó, afortunadamente, un posible desastre ya al llegar a la roca, levantó sus piernas y paró contra ella, así evitando irse por debajo  mientras que el agua, con tremenda fuerza, lo golpeaba en la espalda antes de pasarle por encima de su cabeza. Ivor, que estaba cerca de la roca, consiguió extenderle una mano a Alvaro y lo tiró hacia un lado seguro. Lo que aparentaba ser un pequeño momento de diversión pudo haber en un lamentable accidente, así de allí en adelante, mediamos nuestras acciones mucha cautela antes de actuar. 

Siguiendo nuestro recorrido, llegamos a un lugar donde unas rocas grandes y planas que sobresalían del agua, nos forzaron a navegar con mucha cautela cerca de la orilla para evitar cualquier obstáculo subacuático que estuviera ocultado, ya que estas ocupaban más de dos tercero de la anchura del río. Una vez que pasadas estas rocas, tomamos una curva en el río hasta que nos encontramos a una pequeña canoa con tres niños indígenas y mientras más nos les acercábamos,  el río se abrió y se convirtió en una amplia extensión de agua con una isla pequeña situada en el centro. Mas adelante, pudimos ver una pared de rocas planas y grandes que bloqueaban nuestra vía, sobre la cual el río caía en forma de agua blanca.

Llegamos a nuestro previsto destino para pasar la noche, una pequeña aldea de indios llamada Maracas ubicada en la coordenadas 05° 56' 80N 66° 55' 20W y mientras preparábamos el campamento en una isla, un grupo de indios tomaron sus canoas y remaron desde sus aldeas hacia donde estábamos nosotros para saludarnos. Nunca había estado en un lugar tan alejado, remoto y con gente tan aislada como esta. Esta ocasión me hizo extraño. Los indios fueron inquisitivos y amistosos pero estaban totalmente deslumbrados por los tubulares de las embarcaciones, los cuales no pudieron resistir de tocar y aunque así lo hicieron, parecían  aprensivos de lo que eran y se preguntaban para que fueran. Intercambiamos un poco de azúcar con uno de los indios de mayor edad por un arco con un par de flechas antes arreglar el campamento y antes de preparar un buen fuego para cocinar la cena. A medida que oscureció, los indios se regresaron de nuevo a su aldea y luego me unte, de nuevo, repelente contra insectos, sólo que esta vez el de uno de los integrantes del equipo a quien nunca habían picado esos pequeños demonios. Pronto remetíamos con una variedad de platos, -incluso con un tipo de pescado color salmón que estaba increíblemente sabroso, el cual Karl recientemente pescó o adquirió de un indio. El ron con Coca-Cola y hielo fueron los tragos de la noche y mientras me tomé varios de estos, fue que escuché la increíble historia de la vida de Karl Wallner.

 

La noche estaba absolutamente negra, no se veía ni una tenue luz de la luna y nos encontrábamos sentados alrededor de la fogata apreciando el sonido del río que caía sobre la pared de rocas unos cien metros más allá. Repentinamente y en un tono de ingles británico muy cultivado, alguien me preguntó si quería mas pescado. Debido a que la única luz que teníamos era la de la fogata, no supe de quien era la voz hasta que me moví más cerca para luego darme cuenta que era la de nuestro guía Karl.   

 

Las llamas que oscilaban del fuego iluminaron su cuerpo, de gran contextura, a medida que se sentaba en una silla plegable y sostenía un plato de pescado recién sacado de la parrilla. Él me ofreció una silla y comenzamos a hablar. Yo le pregunte de que parte de Gran Bretaña era él, ya que su acento me hacia pensar que había sido educado en una buena escuela publica. A mi asombro, él me dijo que era alemán y que ha vivido en Venezuela por cuarenta años -, yo estaba fascinado en cuanto a cómo nuestro guía para el río Orinoco hablaba la lengua inglesa y así fue que lenta y claramente la historia de Karl se comenzó a revelar.

Karl nació en Alemania en 1930, creció con sus padres y fue un niño brillante, apto y absolutamente alto para su edad. A la edad de diez años y entrando la guerra mundial a su segundo año, el movimiento de juventud de Hitler seleccionó a Karl para que fuese educado y entrenado para participar en un ' grupo especial de la élite ' que, en sus últimas adolescencias, sería utilizado para infiltrar a los enemigos del Tercer Reich. Entrenaron a este grupo con eficacia para espiar en varios países, mientras vivían en un área local y retroalimentando la información a la madre patria. En una ‘escuela’ secreta y muy bien financiada, fueron sus colegas enseñados dos disciplinas distintas; a partir de las ocho de la mañana y hasta la una de la tarde, los sometieron a un curso intensivo de idiomas, matemáticas, política, geografía y propaganda. Sus profesores particulares de idiomas eran los mejores de Alemania y el énfasis particular fue dado al ' inglés apropiado que aprendía ' de modo que cuando llegara el tiempo de que Karl lo utilizara ' su acento fuera imperceptible'. Obviamente encontré esta parte del cuento muy aterrorizante, pues su acento ‘obviamente había engañado’. Con solo treinta minutos para almorzar, luego mandaban al grupo a trabajar de nuevo hasta las siete de la noche, solo que ahora eran enseñados algo mucho más secreto; ¡fueron enseñados sobre armas, combate y virtualmente sobre cada manera existente que había para matar a un hombre! Cada habilidad conocida por los instructores fue pasada a estos muchachos, de modo que para el final de su 'educación', fueran literalmente unas maquinas altamente entrenadas para matar. La campaña de propaganda no era nada menos que el 'lavarles el cerebro' y unas de las mentiras más indignantes fue que fueron enseñados a que todos los negros eran caníbales. ¡Les dijeron que los americanos tenían una gran cantidad de negros en sus fuerzas y que si un negro los agarraba, lo más probable que serían devorados!  En 1945 y con los aliados que forzaban su entrada en Alemania, a Karl le dieron un uniforme y le dijeron que defendiera a su país hasta la muerte, dada la ausencia de que no había tiempo para él ni para sus colegas de tropa, de ser desplegados a  otro país para continuar con la causa nazi. Muy rápidamente, su parte en el conflicto se terminó, ya que una división americana los rodeó y se rindieron. Como prisionero de guerra, él se sentó desconcertado con sus camaradas, esperando a ser llamado para dar declaraciones a un soldado del ejército americano, al cual Karl describió, como el primer negro que había visto de cerca y el hombre más grande que había visto en su vida. Pardo frente al soldado, el gigante americano se sonríe y revela una boca llena de dientes blancos perla; Ahora fue cuando Karl se convenció de que él estaba a punto de ser comido y cuando el soldado alcanza dentro de su bolsillo, Karl estaba seguro de que él buscaba su cuchillo para cortar su comida en pedazos más manejables. De su bolsillo, el soldado saca una barra de chocolate y se la da a Karl diciendo ' toma hijo, pareciera que tu necesitaras este y no te preocupes, la guerra terminó y pronto te iras a casa’.

Claramente, la propaganda había convencido a Karl e inmediatamente, después de la guerra, decidió ver cual era la situación 'verdadera' con los países que habían sido 'el enemigo'. Se compró una bicicleta y recorrió por dos años, primero a Noruega y Escandinavia, incluyendo el círculo polar y entonces bajó a España, en donde conoció a un lord inglés ' sir alguien u otro ', con un Rolls Royce, quien le invitó a que visitara su casa en Gran Bretaña en caso que fuera de visita o necesitara trabajo. 

 

Durante su viaje en bicicleta por Europa, Karl se propuso a hacer amistad con tanta gente pudo, de manera de completamente suprimir los cinco años de mentiras que los nazis le habían alimentado. Unos meses después, Karl llegó a Gran Bretaña y visitó al caballero inglés a su casa cerca de Scunthorpe y cumpliendo con su palabra, le ofreció trabajo en la granja. Karl alquiló un cuarto en un pueblo cercano y fue bienvenido por la gente local; a él le gustaba particularmente un bar local y de pronto se convirtió en el mejor jugador de dardos de la localidad. A Karl le agradaba mucho Gran Bretaña,  pero sentida que ya era la hora de regresar a casa para ver lo qué había pasado con su país después de sus nueve meses de ausencia, así que regresó a una Alemania destrozada.

Para Karl, Alemania no tenía ningún significado ahora, así que se enamoró y casó con una mujer de igual pensar y juntos decidieron comenzar una nueva vida en los Estados Unidos. Con muy poco dinero,  lograron encontrar un viejo vapor de carga que los llevaría a través del Atlántico, el cual  encalló y se destruyó en la costa norte de Africa, así que de nuevo, se encontró buscando la manera de llegar a América. Después de pasar alrededor de una semana en el caluroso puerto africano, finalmente logró persuadir a un oficial de un barco para que lo llevara hasta América. Que haya sido un problema de lenguaje o un malentendido, Karl no sabe, pero cuando el barco finalmente atracó, él estaba en Venezuela (Suramérica) y no en los Estados Unidos. Cansados y sin dinero, no tuvieron otra opción que quedarse allí. Karl dice que pudo haber sido una bendición y que no tiene ningún pesar respecto a los cuarenta años que ha vivido en Venezuela; él ama el país, a su gente y en particular el río Orinoco. 

Temprano, la mañana siguiente tuvimos que recoger el campamento para llegar a tiempo al punto de partida de la siguiente etapa del rally, cuando se nos acercaron un par de indios adolescentes de la aldea. Ella sufría, al parecer, de un doloroso absceso en un diente y quería conseguir el tratamiento de un doctor. Su novio, que la acompañó, se veía muy contento de haber conseguido un viaje en una embarcación rápida y la idea era llevarlos hasta un puente que estaba a setenta millas río abajo, donde la calle los llevaría hasta la clínica. Nosotros no teníamos idea de cómo iban a regresar, pero milagrosamente, el dolor de diente se desapareció al momento que nosotros partimos de la aldea, así que llegamos a la conclusión de que ellos  mintieron para conseguir el viaje.

El comienzo de la siguiente etapa fue un asunto ocasional, pues fijamos nuestro propio paso de velocidad hacia Puerto Páez (frontera venezolana/colombiana). En todo momento fuimos escoltados por la armada venezolana, los cuales andaban en un par de embarcaciones camuflajeadas de Artigiana Battelli y en un barco de desembarque de noventa pies. Cuando nos amarramos a sus embarcaciones, fuimos  bienvenidos por un grupo de soldados de resguardo fronterizo, los cuales estaban seriamente equipados y armados.

 

A mi sorpresa, eran realmente amistosos pero tan jóvenes que un par de ellos parecían no tener más de quince años; qué responsabilidad. Después de una breve parada, cruzamos el río hacía la ciudad colombiana de Puerto Carreño, donde nos sentamos en un café frente al río a beber café colombiano. De nuevo, la presencia militar allí era alta ya que había tropas colombianas que rondando en las calles y en el agua. Una cosa notable era la limpieza de la ciudad y lo amigable que era la gente, ya que a pesar de mi carencia de hablar español, de alguna manera me encontré hablando con cuatro muchachas atractivas que habían llegado en motocicletas.  Ellas se mostraron interesadas en el hecho de que no era un americano ' gringo ' sino que era un inglés de Londres. No obstante, nuestra estancia fue muy breve y en menos de una hora, nos encontramos camino hacia Puerto Ayacucho, donde pasaríamos la noche. Éste era el límite de la navegación oficial del Orinoco y debido a que otros ríos más pequeños alimentan el río principal, este culmina con una barrera de grandes rocas por las cuales el agua pasa creando un rugido y remolinos. Después de aprovisionar de combustible y de amarrar las embarcaciones, un amigo de Ivor nos llevó en la parte posterior de su camioneta pick up a lo que yo creí iba a ser el hotel, pero entendí mal, ya que después de 80km por carretera muy irregular, finalmente llegamos a un tobogán de agua natural de 600 metros de largo.  Aunque este sitio estaba en un lugar remoto, era un punto muy popular, ya que había bastante gente bañándose en una piscina ubicada en la base del tobogán y otras en la parte superior del mismo. Había también agujeros profundos en las rocas, al borde de la rápida corriente de agua, que formó Jacuzzis naturales, así que nos sentamos en éstos para refrescarnos y descansar; eran maravillosos, pero no eran el motivo por el cual Ivor nos había traído. Ivor y su amigo insistieron que éstos eran los toboganes de agua naturales más largos del mundo y que no podríamos regresar a Europa sin lanzarnos por ellos. Ya se estaba poniendo oscuro, así que Andy y yo decidimos probarlo y nos lanzamos donde la corriente de agua era más débil de manera de adquirir velocidad a medida que avanzáramos. Andy se deslizo y desapareció de mi vista rápidamente pero mi traje de baño se quedaba pegado de la roca, así que me moví mas cerca del el centro de la fuerte corriente; todavía no resbalaba, así que me moví hacia la mitad del poderoso chorro de agua. No me dio tiempo de sentarme, ya que mis piernas fueron barridas y me lanzaron literalmente hacia abajo sobre la piedra lisa a una velocidad de 32km. En este momento estaba sentado, pasando por una aterrorizadora experiencia, cuando de repente perdí completamente el control y me dirigí hacia la cara de una roca que estaba a un lado del tobogán. Apenas pensé que estaba seguro, mi parte posterior golpeó un canto agudo en la roca, que aparte de sentir que me había roto la pelvis, me dio la vuelta de modo que ahora iba de cabeza; otro canto me dio en el pecho, el estómago y en otros lugares mientras pasaba a centímetros de una pared de piedras. Finalmente llegué al final del tobogán y fui depositado de cabeza en la piscina donde los bañistas miraban con asombro como me arrastré para salir sangrando del agua. Andy y yo terminamos con cortadas y contusiones, así que si usted visita este tobogán, no lo intente al menos que a usted le guste el dolor!  Afortunadamente, esa noche terminamos en una ducha caliente y cama de hotel, una combinación que mi cuerpo apreció mucho.

 

Habiendo navegado hasta no poder subir más el Orinoco, la mañana siguiente navegamos río abajo a altas velocidades por secciones angostas y anchas del río, donde nos encontramos con embarcaciones más lentas o fuimos ocasionalmente alcanzados por otras más rápidas. Esta fue una larga etapa, donde las embarcaciones pasaban por cualquier lado de las islas que se encontraban a lo largo del río y era interesante ver las diversas rutas que cada quien tomaba; ¡de momento, una embarcación de .

carrera nos alcanzaba y desaparecería alrededor de una curva o detrás de una isla y después de una hora, la misma embarcación aparecería detrás de nosotros, nos pasa y después se repite, más adelante, el proceso entero otra vez! Eventualmente cruzamos en el Río Capanaparo y llegamos a la Granja, la cual era la próxima llegada. Aquí nos encontramos con una embarcación de desembarque enorme que tenia su rampa extendida hacia la orilla del río. Delante de esta embarcación había una gran extensión plana de tierra cubierta con hierba, un rancho y tres sepulcros reposando debajo de un grupo árboles. Este era un lugar hermoso, había llaneros montando a caballo de un lugar al otro, mientras todas las otras embarcaciones llegaban para amarrarse a la orilla del río. Hacia mucho calor y mientras la gente preparaba su campamento y armaban sus tiendas de campaña, Ivor me paso un salvavidas y un vaso gigante lleno de hielo y ron con Coca-Cola. 'Nosotros no tenemos que ocuparnos del campamento, así que ponte el salvavidas y refréscate en el río con tu bebida’. No necesité que me lo dijeran dos veces y suavemente me metí en el agua, la cual, aunque tenía una corriente de pocos nudos, estaba perfectamente calmada donde estábamos amarrados. Después de algunos minutos en el agua, algunas de las personas me señalaban y presumo que discutían la buena idea de relajarse en el agua con una bebida bien fría. Cerca de setenta embarcaciones habían llegado y el terreno herboso estaba lleno de gente, pero aun nadie se había metido en el agua. Luego me dirigí a la otra embarcación del equipo, donde estaba el Dr. Eduardo preparándose una bebida mientras casualmente me explicaba el motivo por el cual mas nadie se había  metido en el agua; ' oh ' dijo él, ' probablemente es porque a cinco kilómetros de aquí hay una granja que cría cocodrilos que luego son reintroducidos en el Orinoco, una especie gigante del cocodrilo que estaba casi extinta'. Mi corazón se sobresaltó y me fui acercando a la embarcación, pero para sorpresa, Eduardo se estaba metiendo en el agua de la cual yo intentaba salir. ‘Te vas a meter después de lo que acabas de decirme?' Le pregunté con tono de sorpresa en mi voz. ' Ah, no hay problema durante la estación de lluvias, pues hay muchos peces para que ellos coman y son más fáciles de digerir que los seres humanos!'  Bien, pensé, entonces me saldré para servirme otra bebida y permaneceré aquí, ya que estoy disfrutando de mi agradable baño y bebida. El calor era intenso, así que otras ' personas valientes’ se metieron en el agua para refrescarse. ¡Eduardo obviamente les había informado a todos, pero alguien le dijo algo a los cocodrilos! Otros quince minutos pasaron, no había mucha gente en el agua y empecé a pensar lo ' tonto ' que había sido; Apenas estaba listo para meterme de nuevo en el agua, pasó un grupo de niños que cargaban unos peces bien raros, Que son esos’? Inocentemente pregunte. ‘Pirañas’ contestó Alvaro, quien se estaba metiendo en el agua. Son sabrosos’, así que me busque otro lugar para tomarme mi bebida!  A pesar de la fascinante naturalidad del río, también era bastante interesante en tierra firme, ya que habían un número de parrillas que cocinaban una variedad de platos interesantes como a un becerro entero, pescado fresco y la paella más grande que había visto en mi vida.

 

Intenté un nuevo arreglo para la hamaca esa noche y funcionó bien hasta cerca de la una de la madrugada, cuando llegaron un grupo de personas con retraso que gritaban y utilizaban sus reflectores para encontrar un espacio para amarrar su embarcación. Intente sentarme en la hamaca para ver lo que ocurría, pero esta se rompió y me fui de cabeza contra la cubierta de la embarcación.

 

No obstante, esto era un problema de menor importancia en comparación con la llegada retrasada de esas personas, quienes estaban compitiendo con su catamarán en la tarde cuando de pronto chocaron, a alta velocidad, con algo en el agua. Como estaban navegando cerca de la orilla del río, terminaron montados en un matorral a cierta distancia del río. El catamarán se rompió en pedazos y milagrosamente las cuatro personas a bordo solo sufrieron leves cortaduras y contusiones. Evidentemente, se honró el estilo suramericano, ya se vio mucha agitación de brazos acompañados con una fuente ilimitada de consejos verbales. Contaron con la ayuda de los organizadores y de otros competidores para rescatar durante el resto de la tarde y noche todo el equipo valioso, incluyendo dos motores fuera de borda de 300hp, los cuales fueron transferidos a una embarcación de gran tamaño que pasó por el lugar. Ésta fué una gran hazaña que demostró la determinación de la tripulación de poner a salvo cualquier objeto que pudiera ser removido en cuestión de horas por los 'piratas locales'. ¡Todo esto se hizo a pesar de la amenaza de serpientes y de arañas venenosas, cocodrilos, pirañas y rayas que reposan  sobre la arena bajo las aguas, las cuales siempre están a la espera de un pie humano para picar!

Al día siguiente, mientras cuidaba mi contusionada cabeza y las miles de picadas de mosquitos que tenia, me preguntaba cómo era posible que las personas que fueron rescatadas la noche anterior, las cuales fueron  expuestas a cada insecto conocido por el hombre, se veían sin picaduras. ¡Obviamente, fe, fi, fo, fum, debe ser un popular cantar entre los mosquitos locales!

Volvimos a navegar en el Orinoco rumbo a Caicara, el cual sería el siguiente punto de reabastecimiento de combustible. El río estaba absolutamente entrecortado y teníamos viento de frente, pero disfrutamos de este trayecto a alta velocidad en compañía de otra embarcación crucero marca Magnum de 27 pies, la cual era propulsada por tres motores fuera de borda de 250HP marca Yamaha. Nuestras embarcaciones semi-rígidas y el crucero de 27 pies demostraron ser tanto más rápidas bajo esas condiciones que nunca nos lograron alcanzar en ese trecho tempestuoso del río. En un particular punto, giramos hacia una estrecha y escondida entrada del río que se convirtió en un hermoso y ancho canal, el cual navegamos por cerca de veinte millas. Todavía en compañía del crucero de 27 pies, ambos nos percatamos al mismo momento de que nos habíamos incorporado al río incorrecto, así perdiendo mucho tiempo y combustible, así que nos regresamos y encontramos a otros competidores ' perdidos ' que incurrían en la misma equivocación. Afortunadamente y debido en parte a nuestra velocidad de navegación en las aguas entrecortadas, logramos llegar al punto de control final del día a tiempo, adquiriendo así la máxima puntuación, cosa que no muchos pudieron. Esa noche fue la peor por los mosquitos y en la mañana siguiente me doy cuenta de que había pegado mi brazo derecho y rodillas de la red contra mosquitos que rodeaba mi hamaca; el resultado fue que Andy contó más de cien mordeduras en el codo derecho, ochenta y cinco en mi rodilla izquierda, sesenta en mi rodilla derecha y para mas colmo, se me aflojo el estomago!

 

Todavía en el río principal, me cedieron el timón por un largo estrecho de agua entrecortada y  después de un par de horas a aproximadamente cuarenta nudos, dimos vuelta en la Río Caura. Todos los barcos reaprovisionaron de combustible cerca de un puente en Maripa, el cual fuera también el final de la etapa oficial del día y donde muchas embarcaciones se pararon para pasar la noche. Nosotros continuamos hacia encima Las Trincheras, un pequeño y alejado poblado situado a casi dos horas río arriba.

 

El río Caura era impresionante; era absolutamente ancho al comienzo, bordeado generalmente con densas selvas tropicales en ambos lados y contaba ocasionalmente con islas pequeñas, las cuales bordeamos cuidadosamente por no saber la profundidad del agua, pero lo más extraño fueron los árboles solitarios que increíblemente crecieron en el medio del río. Presumiblemente, estos crecían de pequeñas islas que aparecen durante el verano y cuando el nivel del agua es muy bajo, permitiendo que el árbol eche raíz y se fije antes que la estación de lluvias levante el nivel del agua a la mitad del tronco. De allí en adelante, las raíces crecen hacia fuera para reforzar su agarre y es entonces que se repite el proceso de nuevo. Todavía no nos explicamos  como no pudimos encontrar el poblado de Trincheras, pero lo que si sabíamos nos encontrábamos, sin duda, en el lugar más peligroso de nuestro viaje, ya que aumentaba la cantidad de grandes rocas planas medio sumergidas. Navegamos con mucha cautela y a una velocidad muy reducida, así explorando el agua en búsqueda de un paso seguro. Mas adelante, el río pasaba sobre las rocas con una energía que nunca antes había experimentado, de tal manera, que nosotros utilizamos una cantidad significativa de poder de nuestro 400hp para guardar control en  contra de la corriente. Después de treinta minutos y de una estresante navegación por los rápidos, ocasionalmente pasando a muy poca distancia de rocas, realizamos que ahora no teníamos ninguna otra opción que seguir adelante hasta encontrar un lugar seguro donde dar la vuelta. Mientras que esto pudo haber sido una excelente experiencia de white water rafting, este era un lugar muy peligroso para nuestra embarcación, así que más adelante conseguimos la primera oportunidad de dar vuelta al barco y dirigirnos río abajo. Ivor condujo la embarcación con habilidad y tranquilidad, mientras que Ricardo, el periodista español lo dirigió con sus brazos a encontrar la vía mas segura; eventual alcanzamos una especie de meseta de cientos metros de ancho, la cual era alimentada por tres o cuatro ríos más pequeños que creaban centenares de torbellinos y remolinos que nos empujaron como si fuéramos un juguete. Con habilidad y suerte sobrevivimos y luego de algunas millas en sentido descendiente, nos encontramos con la otra semi-rígida del equipo amarrada al borde del rió en el poblado de Las Trincheras.

 

Después de amarrar la semi-rígida visitamos la 'aldea' y nos asombramos al descubrir que este hermoso lugar había sido descubierto y desarrollado por un alemán que, enamorándose del lugar, construyó media docena de viviendas para el y para gente que quisiera gozar de soledad, de paz y de tranquilidad. Después fuimos invitados a sentarnos en una pequeña choza donde nos sirvieron un plato de 'lapa' que estaba delicioso.

 

Tenía muchos huesos y aunque no era desagradable, dado la opción, prefería el pescado local cada vez. Alguien nos informó que era posible alquilar un cuarto aquí y al investigarlo, nos fué demostrado un cuarto intachablemente limpio y cómodo, tenía cortinas blancas alrededor y una cama matrimonial que se veía muy cómoda. La electricidad estaba disponible en la noche, cortesía de un generador diesel antiguo de tres-cilindros y esa noche nos comimos una comida preparada por los aldeanos.

La mañana siguiente, el río había bajado y las embarcaciones estaban fuera del agua, así que empujamos la semi-rígida más pequeña al río y con una cuerda larga y gruesa, remolcamos la otra media docena de embarcaciones que pasaban por lo mismo dentro del agua. La preocupación más grande eran las rayas eléctricas, las cuales frecuentan esta parte del río; especialmente cuando era yo el que tenía el agua hasta el cuello, pues era el que amarraba las cuerdas de remolque a cada barco. El viaje de regreso a Maripa fue un placer y nos dio la oportunidad de contemplar, de nuevo, la belleza y tranquilidad del río. Esto contrastó con nuestra llegada a Maripa, ya que había mucha actividad debido a que los diversos equipos corrían para preparar sus embarcaciones para la penúltima etapa. Lentamente, navegamos entre las otras embarcaciones hasta que finalmente amarramos nuestras semi-rigidas al lado de un catamarán de carrera, al cual le había ido extremadamente bien para haber llegado tan lejos en la competencia. Para mi sorpresa, el conductor del mismo me pregunto, en buen inglés, qué pensaba de la carrera y después de expresar mis opiniones, yo lo felicité a él y a su equipo por su tenacidad y le pregunté cual era la velocidad tope de su catamarán. El dijo ‘normalmente alrededor de 200 kilómetros por hora, pero debido al exceso de peso por el combustible y la falta de la cubierta aerodinámica de la cabina, estamos haciendo solamente 185km’. ¡Que patético, yo pensé que haría 11 5 mph '! Les deseé mucho éxito para los dos días restantes y pensé que eran o muy valientes o totalmente ‘locos’.

Una vez más, nos alineamos todos para el comienzo de la penúltima etapa hacia Cuidad Bolívar y cuando apenas cayó la bandera, cruzamos la línea en el segundo lugar y sacamos un margen útil sobre el resto de la flota, alrededor de una milla. Fue entonces cuando vimos con asombro como las embarcaciones de carrera nos alcanzaron, pasaron y literalmente volaron al lado de nosotros a más del doble de nuestra velocidad. El agua estaba tranquila y las embarcaciones más rápidas se desaparecían en la distancia, aunque nos enteramos más adelante, que el catamarán que estaba estacionado al lado de nosotros en Maripa había perdido el control a alta velocidad y se metió contra la orilla del río, destruyendo totalmente el catamarán y lanzando a todo el equipo por el aire. Afortunadamente nadie salió seriamente herido, pero él echo de no poder culminar la carrera los devastó, especialmente cuando ya habían superado todos los obstáculos anteriores. Después de aproximadamente veinte millas, el agua se comenzó a cortar y comenzamos a adelantar, primero a las embarcaciones de carrera pequeñas y luego a las más grandes; nadie pudo navegar tan rápido como nosotros en el río picado y fuimos uno de los primeros en llegar al final de la etapa. Esta fué una parada para reaprovisionar combustible antes de partir a Ciudad Bolívar para pasas la noche, pero en vez de asignar turnos basados en el orden de llegada, todo se dejo para ver quién podría agarrar las mangueras de combustible primero. Cada vez que nos acercábamos hacia la orilla para reemplazar a una embarcación que venía de salida con los tanques llenos, otra embarcación aceleraba y se metía en el sitio antes que nosotros llegáramos.  Nunca entendí porque la gente estaba tan apurada, ya que no había limite de tiempo para este ejercicio, pero Ivor comentó que ese comportamiento era absolutamente normal en los Venezolanos; ¡tiene algo que ver la sangre latina, creo!

 

El acercamiento a Ciudad Bolívar fue insignificativo a excepción de un enorme puente suspendido que cruza el Orinoco y al cruzar la meta final, nos dirigimos hacia el puerto militar donde pasarían las semi-rígidas la noche. Una vez amarrados al muelle, bajamos todo el equipo innecesario y lo pusimos en el camión de soporte de manera de estar lo más ligero posible para las 65 millas de velocidad del día siguiente.

 

Algunos competidores sacaban sus embarcaciones del agua para pulir los cascos, levantar los motores y para cambiar las hélices por unas mas aptas para así lograr el tiempo más rápido, pero como sabíamos que nunca íbamos a poder competir con esos corredores, no vimos ninguna razón de cambiar nada en nuestras embarcaciones. Esa noche debimos permanecer en un hotel, pero después de tres intentos, comenzamos a desesperar al descubrir que todos los hoteles estaban llenos. Finalmente encontramos un hotel en el cual disfrutamos de una buena comida, pero mi sueño fue estropeado al tener que compartir mi cama con otro!  Que era, es un misterio, pero media cerca de un centímetro de largo, era rojo y tenía un apetito voraz! Había muerto, pero la espalda me dolió el resto de la noche a pesar de la aplicación de una crema especial para mordeduras de insectos.

La mañana siguiente nos dirigimos a la línea de partida para encontrarnos con los otros competidores para navegar las últimas 65 millas hacia Puerto Ordaz y de nuevo, tuvimos un buen comienzo pero como de esperar, las embarcaciones de carrera nos empezaron a alcanzar. Al poco rato nos encontrábamos peleando milla a milla con otras embarcaciones de igual potencia, a veces con solamente algunos metros entre nosotros, pero nunca nos descuidamos por un segundo y nos sorprendimos con nuestra velocidad promedio de 63 nudos, aunque esta fué alcanzada con la ayuda de una corriente de 8 a 9 nudos.

Terminamos el Rally del Orinoco o para darle su título oficial ‘Nuestros Ríos son Navegables’ y durante el acontecimiento de 1100 millas, más las millas adicionales de nuestras excursiones, no habíamos sufrido un solo problema con las semi-rígidas ni motores. Estábamos todos muy contentos, pero aun nos mordimos las uñas un rato mientras esperábamos a nuestros compañeros que venían en la semi-rígida de 7.5 metros, con solo un solo motor de 200hp, la cual era obviamente más lenta y no veíamos todavía. De repente los vimos venir a toda velocidad hacia la meta cuando de repente, a pocos metros de esta, se pararon. Podíamos ver a la tripulación moverse dentro del barco, los cuales obviamente intentaban poner en marcha la embarcación, pero como estábamos muy distantes, no sabíamos cual era el problema. Pudieron haberle pasado por arriba a una boya, quizás golpearon un tronco o se les apagó el motor. Fuese lo que fuese, estuvieron parados lo suficiente como para que un número de embarcaciones, más lentas, cruzaran la meta antes. Después de lo que pareció una eternidad,  pusieron la semi-rígida en marcha y cruzaron la meta para el alivio de todos nosotros; resulta que habían calculado el combustible al más pequeño de los márgenes, pero en esta ocasión, demasiado pequeño! Afortunadamente, tuvieron suficiente combustible en las mangueras del segundo tanque, a la cual también se le agotó al cruzar la meta; eso si es calcular al mínimo!

Había una buena fiesta de culminación adyacente a los muelles, a la cual los competidores, equipos de la ayuda, familias y amigos atendieron. Por otra parte, muchas de las competidoras hicieron el esfuerzo de arreglarse lo mejor posible; realmente se veían imponente! De los 127 principiantes que comenzamos,  69 terminaron y honestamente, cada uno se merecía una medalla. A los organizadores los criticaron levemente, lo cual es siempre inevitable; en mi opinión, pienso que hicieron un fantástico trabajo y no vacilaría en volver. Al comienzo del rally estábamos molestos por ser incluidos dentro de la categoría (fuerza libre), en la cual nos tocaba competir con monstruosas embarcaciones capaces de duplicar nuestra velocidad, pero a nuestro asombro y placer, agarramos un tercer lugar; nada malo para una semi-rígida de producción estándar y de uso familiar que llevaba dos motores fuera de borda sin modificaciones. Mil gracias a AB Inflatables, Yamaha, a los equipos de ambas embarcaciones y al conductor de nuestro apoyo terrestre, por habernos permitido ser el mejor equipo del acontecimiento. Por cierto, si hubiéramos tenido un litro adicional de combustible en la semi-rígida pequeña al final, también habríamos ganado el premio del mejor equipo. 

Que se puede hacer, así es la vida!

 

Gracias a Hugo, a Andy, a Ivor y a todo el resto de la tripulación que hicieron de este viaje algo muy especial que nunca olvidare y gracias a mi esposa Paola por todo su soporte desde la casa. Este viaje fué el mejor de todos los que he realizado.

 

Paul Lemmer

RIB Magazine International